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				<journal-title>Disparidades. Revista de Antropolog&#xed;a</journal-title>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#xed;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">dra.2022.028</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/dra.2022.028</article-id>
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				<subj-group subj-group-type="heading">
					<subject>Articles/Art&#xed;culos</subject>
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				<article-title>El trance. Definiciones y derivaciones tipol&#xf3;gicas potenciales (posesi&#xf3;n, mediumnidad, chamanismo)</article-title>
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					<trans-title>Trance. Definitions and potential typological derivations (possession, mediumship, shamanism)</trans-title>
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					<contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0001-7139-3890</contrib-id>
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						<surname>Horta</surname>
						<given-names>Gerard</given-names>
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					<aff id="aff1"><institution>Universitat de Barcelona</institution></aff>
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			<pub-date pub-type="epub">
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			<issue>2</issue>
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				<copyright-statement>&#xa9; 2022 CSIC</copyright-statement>
				<copyright-year>2022</copyright-year>
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					<license-p>Este es un art&#xed;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#xe9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#xf3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p>Atendiendo a la relevancia del cuerpo como instrumento central de los seres y las sociedades humanas, en este art&#xed;culo se plantea una aproximaci&#xf3;n a definiciones cl&#xe1;sicas del concepto de trance desde la antropolog&#xed;a. Su finalidad reside en discernir aquellos modelos explicativos (Fyrth y De Heusch principalmente) que emplazan este fen&#xf3;meno social como escenario de tres variantes posibles de realizaci&#xf3;n (posesi&#xf3;n, mediumnidad, chamanismo), respecto a aquellos otros modelos (Bourguignon y Duvignaud principalmente) que diferencian expl&#xed;citamente el trance y la posesi&#xf3;n como dos campos distintos. As&#xed;, se aportan diversas conceptualizaciones susceptibles de ser interpretadas como contenidos paralelos a pesar de que se mantienen como denominaciones distintas.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>Considering the relevance of the body as the central instrument of human beings and societies, this article proposes an approach to classical definitions of the concept of trance from anthropology. Its purpose resides in discerning those explanatory models (mainly Fyrth and De Heusch) that place this social phenomenon as a scenario of three possible variants of realization (possession, mediumship, shamanism), with respect to those other models (mainly Bourguignon and Duvignaud) that explicitly differentiate trance and possession as two different fields. Thus, various conceptualizations are provided, that can be interpreted as parallel content despite the fact that they remain as different names.</p>
			</trans-abstract>
			<kwd-group>
				<kwd>Cuerpo</kwd>
				<kwd>Trance</kwd>
				<kwd>Posesi&#xf3;n</kwd>
				<kwd>Mediumnidad</kwd>
				<kwd>Chamanismo</kwd>
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				<kwd>Body</kwd>
				<kwd>Trance</kwd>
				<kwd>Possession</kwd>
				<kwd>Mediumship</kwd>
				<kwd>Shamanism</kwd>
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		<sec id="sec1">
			<title>Cuerpo y sociedad</title>
			<p>El cuerpo es el instrumento primigenio de los seres humanos. <xref ref-type="bibr" rid="B71">Marcel Mauss (1991 [1936]: 337)</xref> sit&#xfa;a bajo el ep&#xed;grafe de &#xab;T&#xe9;cnicas corporales&#xbb; el modo en que los humanos utilizan su cuerpo de una forma &#xab;tradicional&#xbb; en cada sociedad. Los gestos manuales son aprendidos y transmitidos a trav&#xe9;s del tiempo y de las sociedades, y tambi&#xe9;n a trav&#xe9;s de sus contactos. Mauss se&#xf1;ala, como ejemplo, que el modo de andar de muchas chicas cin&#xe9;filas parisinas en los a&#xf1;os treinta proven&#xed;a de la gestualidad particular de las actrices de las pel&#xed;culas norte-americanas. El antrop&#xf3;logo franc&#xe9;s necesita elaborar una teor&#xed;a de los cuerpos, y eso lo conduce a referirse a las t&#xe9;cnicas corporales. Uno de los numeros&#xed;simos ejemplos que pone es el de la nataci&#xf3;n: su generaci&#xf3;n, dice, no nada como la anterior, y en Francia se nada de un modo distinto que en la Polinesia. Por su parte, L&#xe9;vi-Strauss aporta el ejemplo ciertamente m&#xe1;s prosaico del modo en que los hombres se sujetan el pene a la hora de efectuar la micci&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B65">1991 [1950]: 16</xref>) -podemos remitir sin duda al ejemplo palmario de las formas distintas c&#xf3;mo las mujeres dan a luz, de las gestualidades y posiciones de sus cuerpos en el momento de parir-. Cada t&#xe9;cnica corporal toma su forma en el marco de los sistemas simb&#xf3;licos de la sociedad en que se produce. Las t&#xe9;cnicas corporales se manifiestan en funci&#xf3;n del proceso de socializaci&#xf3;n y del lugar que ocupa la persona.</p>
			<p>Tal adaptaci&#xf3;n se ordena de acuerdo con el sistema de montajes simb&#xf3;licos de toda sociedad, grupo social o contexto social. Una postura, una mirada, una forma de respirar, etc., es consensuada como oportuna en un marco determinado de una sociedad o como inapropiada en otro contexto espec&#xed;fico de esa misma sociedad; un mismo gesto canaliza significaciones distintas de una sociedad a otra, o incluso en per&#xed;odos distintos en una misma sociedad: dos desconocidos mir&#xe1;ndose directamente a los ojos a las cuatro de la madrugada en el interior de un ascensor puede resultar muy violento, o no; un soldado raso eludiendo la mirada de un general que le est&#xe1; hablando en un contexto militar comete un acto de indisciplina, ya que el soldado est&#xe1; obligado a mantener la mirada fija en los ojos de su superior, como afirma Erving Goffman (<xref ref-type="bibr" rid="B45">1993 [1959]</xref>). El cuerpo manifiesta s&#xed;mbolos que Mauss denomina &#xab;morales&#xbb; o &#xab;intelectuales&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B71">1991 [1936]: 338-343</xref>). El cuerpo social, como indicar&#xe1; d&#xe9;cadas m&#xe1;s tarde <xref ref-type="bibr" rid="B33">Mary Douglas (1978 [1970]: 89-96)</xref>, condiciona la forma en que se percibe el cuerpo f&#xed;sico a trav&#xe9;s del v&#xed;nculo entre cuerpo f&#xed;sico y cuerpo social, y entre control corporal y control social.</p>
			<p>A trav&#xe9;s de los movimientos corporales en toda la amplitud de su repertorio se vislumbra la huella de un aprendizaje, el rastro del universo de categorizaciones mediante el cual una sociedad ordena y representa el mundo y, al mismo tiempo, las pautas en base a las cuales la persona se manifiesta socialmente. En cada sociedad tiene lugar una utilizaci&#xf3;n espec&#xed;fica de las capacidades del cuerpo. Por consiguiente, los sistemas que constituyen las t&#xe9;cnicas y las conductas corporales solo pueden explicarse de acuerdo con el contexto sociol&#xf3;gico en que se dan (<xref ref-type="bibr" rid="B65">L&#xe9;vi-Strauss 1991 [1950]: 15</xref>). El propio L&#xe9;vi-Strauss afirma (<italic>Ibid:</italic> 15) que desde la producci&#xf3;n de fuego mediante rozamiento hasta la talla de instrumentos de piedra a golpes, desde las grandes construcciones f&#xed;sicas y sociales como las gimnasias china o maor&#xed; hasta las t&#xe9;cnicas de respiraci&#xf3;n hind&#xfa;es -o bien pensemos en el conjunto de t&#xe9;cnicas occidentales agrupadas bajo el nombre de &#xab;circo&#xbb; (&#xab;juegos del cuerpo y del esp&#xed;ritu en que el cerebro tiene que ser tan &#xe1;gil como el m&#xfa;sculo&#xbb;, en palabras de <xref ref-type="bibr" rid="B43">Sebasti&#xe0; Gasch [1947]</xref>-. Las modalidades diversas con que los humanos usan los cuerpos se erigen como su patrimonio universal pr&#xed;stino. Para L&#xe9;vi-Strauss, el cuerpo es depositario de experiencias vividas desde hace millones de a&#xf1;os, y su estudio podr&#xed;a convertirse en la herramienta que uniera el conjunto de los humanos a partir de la solidaridad y del reconocimiento intelectual y f&#xed;sico que el conocimiento de todas sus posibilidades, de los m&#xe9;todos de aprendizaje y de los ejercicios comprendidos en cada t&#xe9;cnica, generar&#xed;an en las sociedades humanas a la hora de compartir este inmenso cat&#xe1;logo expresivo.</p>
			<p>Interpretar un cuerpo significa interpretar una sociedad, y al rev&#xe9;s: no es el cuerpo lo que hace a la sociedad; es la sociedad lo que hace al cuerpo. Un disc&#xed;pulo de Franz Boas en el Departamento de Antropolog&#xed;a de la University of Columbia de Nueva York, el argentino David Efr&#xf3;n, sigui&#xf3; el mismo camino interpretativo en los primeros a&#xf1;os cuarenta, seguido por <xref ref-type="bibr" rid="B16">Birdwhistell (1952</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B17">1970)</xref> con la quin&#xe9;sica, <xref ref-type="bibr" rid="B45">Goffman (1993 [1959]</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B46">1991 [1964, 1983 y 1988]</xref>) con el interaccionismo simb&#xf3;lico y <xref ref-type="bibr" rid="B48">Hall (1993 [1966])</xref> con la proxemia. Es decir, existe una interacci&#xf3;n sincr&#xf3;nica entre los diversos sentidos y las categor&#xed;as socioculturales que significan el proceso comunicativo del cuerpo. Son planteamientos que muy poco tiempo despu&#xe9;s de Mauss anuncia <xref ref-type="bibr" rid="B37">Efr&#xf3;n (1970 [1941])</xref>, disc&#xed;pulo de Boas en los a&#xf1;os treinta, paralelamente a la ascendencia del nazismo y de sus teorizadores racistas en Alemania -en 1933 los libros de Boas son proscritos de las universidades e incinerados en las calles-. Se trata de un per&#xed;odo en que resulta capital la aportaci&#xf3;n de la antropolog&#xed;a para comprender c&#xf3;mo, m&#xe1;s all&#xe1; de las diversas clasificaciones de los grupos humanos como &#xab;razas&#xbb; (?), toda teor&#xed;a explicativa de la gestualidad debe acudir a los contextos socioculturales. Durante la redacci&#xf3;n del libro citado, en 1940, Efr&#xf3;n asevera que ha recopilado una bibliograf&#xed;a de m&#xe1;s de 1.000 t&#xed;tulos sobre gestos y posturas. A partir del an&#xe1;lisis de tres categor&#xed;as de los movimientos de la cabeza y de las manos -espaciotemporal, interlocucional y ling&#xfc;&#xed;stica-, Efr&#xf3;n distingue en t&#xe9;rminos te&#xf3;ricos clases de comportamiento no verbal en relaci&#xf3;n con unidades anal&#xed;ticas mesurables una vez &#xab;aisladas&#xbb;. Quiz&#xe1;s Birdwhistell, Hall, Goffman y la propia Douglas desde la antropolog&#xed;a simb&#xf3;lica mantendr&#xed;an una cierta deuda no muy explicitada con Efr&#xf3;n.</p>
			<p>Si hemos comenzado el presente art&#xed;culo abordando someramente la relaci&#xf3;n entre el cuerpo y la sociedad es para situar la recurrencia, en todas partes y en todos los tiempos, a los usos intensivos del cuerpo por parte de las sociedades humanas, lo cual incluye la utilizaci&#xf3;n generalizada de las t&#xe9;cnicas del trance. Porque, en efecto, las manifestaciones del trance se producen a lo largo y ancho de todo el planeta.</p>
		</sec>
		<sec id="sec2">
			<title>Nociones b&#xe1;sicas</title>
			<p>El recurso al trance implica en general la experimentaci&#xf3;n de lo que se conceptualiza como una ruptura con la conciencia ordinaria. Puede incluir trastornos f&#xed;sicos en la medida que limita o altera el aparato sensorial o motor (las personas en estado de trance pueden parecer completamente abstra&#xed;das, ver personas u objetos o cosas que los dem&#xe1;s no ven, no sentir el paso del tiempo, no sentirse cansadas, todo ello sin tener la conciencia ordinaria), y puede implicar, tambi&#xe9;n, una ruptura de la percepci&#xf3;n ordinaria del tiempo. Se alteran las sensaciones, las percepciones, las cogniciones y las emociones del individuo. La danza, las sustancias alucin&#xf3;genas (incluido el alcohol), el canto, la m&#xfa;sica repetitiva, la oraci&#xf3;n, la meditaci&#xf3;n o la hiperventilaci&#xf3;n pueden ser medios para alcanzar el trance, el cual puede estar ligado a la disociaci&#xf3;n, a los estados alterados de conciencia o bien a las crisis de posesi&#xf3;n. Ahora bien: ese estado alterado de la conciencia, o esa disociaci&#xf3;n de la personalidad, no es el fundamento del trance, sino el resultado del sistema de representaciones, de conceptualizaciones, de interpretaciones asociado a dichos fen&#xf3;menos. As&#xed;, el trance toma sentido y se le confiere un &#xab;lugar&#xbb; en la escena social. Una definici&#xf3;n cl&#xe1;sica de trance la aporta <xref ref-type="bibr" rid="B81">Gilbert Rouget (1980: 58)</xref>: 1) la persona pasa a encontrarse en un estado no ordinario. 2) as&#xed;, altera su relaci&#xf3;n habitual con todo lo que le rodea; 3) es presa de ciertos disturbios neurofisiol&#xf3;gicos; 4) sus facultades son mejoradas, realmente o imaginariamente; y 5) ese aumento o mejora se manifiesta a trav&#xe9;s de acciones o comportamientos observables en el mundo exterior.</p>
			<p>
				<xref ref-type="bibr" rid="B3">Roger Bastide (1950)</xref> ya hab&#xed;a se&#xf1;alado que el trance es un fen&#xf3;meno normal que cumple una funci&#xf3;n social. Quiz&#xe1;s m&#xe1;s que indicar un lugar social en que el cuerpo se libera de los constre&#xf1;imientos de la centralizaci&#xf3;n social, lo que indican las manifestaciones socioreligiosas vinculadas al trance es que sus ocupantes no tienen nada m&#xe1;s que el cuerpo para entender el mundo, por parte de aquellos para quienes el mundo es no mucho m&#xe1;s que su propio cuerpo. Antes que <xref ref-type="bibr" rid="B66">Ioan Lewis (1971)</xref>, quien estudia los cultos <italic>zar</italic> somal&#xed;es, <xref ref-type="bibr" rid="B3">Bastide (1950)</xref> remite al trance a partir del <italic>vud&#xfa;</italic> haitiano (&#xab;el peque&#xf1;o campesino, transfigurado en Zaka, puede tratar de locos a los grandes dioses [...], la pobre campesina puede jugar a la gran dama [...], el cobarde puede jugar a militar y hartarse de ron&#xbb;). Para <xref ref-type="bibr" rid="B44">Giobellina (1985: 192 y 193)</xref>, el trance ser&#xed;a entonces un medio para que un sector de la sociedad establezca sentido y orden a su experiencia. Tratamos de religiones corporalizadas: el sentido aparece descrito en la carne, ya no como da&#xf1;o o como mal -la enfermedad-, sino como aparato conceptual. El trance y sus derivaciones se convierten en un instrumento de control conceptual y social del mundo, lo cual permite utilizar sus contenidos discursivos como principio explicativo en beneficio de la explotaci&#xf3;n sistem&#xe1;tica y pautada de los usos del cuerpo. De ese modo, el cuerpo aparece como realidad significativa all&#xed; donde, por la causa que sea, ninguna otra regi&#xf3;n m&#xe1;s inclusiva de la realidad est&#xe1; a disposici&#xf3;n de los sectores sociales de los que el trance se alimenta. En la medida que quien experimenta el trance pierde, emp&#xed;ricamente o simb&#xf3;licamente, la conciencia ordinaria -no se acordar&#xe1; de nada de lo que ha experimentado-, es la sociedad -los espectadores u otros oficiantes- quien interpreta los signos que manifiestan las personas sujetas al trance. As&#xed;, el trance deviene no un fen&#xf3;meno individual sino colectivo -<xref ref-type="bibr" rid="B42">Galv&#xe1;n Tudela (2014: 7)</xref>-. M&#xe1;s que referirse a una experiencia individual, subjetiva, desde la antropolog&#xed;a interpretamos el trance por el contexto en que se da y en el que es observado, y por las representaciones sociales de las manifestaciones externas que emanan de &#xe9;l.</p>
			<p>A grandes rasgos, el evento de la posesi&#xf3;n como forma central del trance comprende un principio com&#xfa;n: una o varias entidades invisibles invisten el cuerpo de un ser humano. No son vagas fuerzas externas, sino seres o potencias espirituales (h&#xe9;roes culturales, hist&#xf3;ricos, antepasados, fantasmas, esp&#xed;ritus de la naturaleza, a veces divinidades diversas). Aunque no siempre sea as&#xed;, la operaci&#xf3;n se suele realizar en t&#xe9;rminos rituales. El pose&#xed;do o el m&#xe9;dium adopta la conducta del esp&#xed;ritu que lo posee, y el esp&#xed;ritu mismo habla por boca del pose&#xed;do. El final de la posesi&#xf3;n tiene lugar cuando el esp&#xed;ritu abandona el cuerpo del pose&#xed;do, que en la mayor parte de tipos de posesi&#xf3;n afirma -debe afirmar- que no se acuerda de nada.</p>
			<p>En general, el principio b&#xe1;sico de la posesi&#xf3;n es el mismo en todas partes (<xref ref-type="bibr" rid="B82">Sardan 1996 [1991]: 606</xref>): esp&#xed;ritus, demonios, genios, ancestros, divinidades que constituyen frecuentemente una especie de pante&#xf3;n antropomorfo invaden el cuerpo de un ser humano, a menudo en el marco de una ceremonia organizada para este fin. Tal estado alterado de conciencia, por mucho que parezca desordenado, est&#xe1; sometido a una rigurosa codificaci&#xf3;n social. Durante el tiempo que dura la posesi&#xf3;n, el individuo ya no <italic>es</italic> &#xe9;l mismo, sino que <italic>es</italic> el personaje espiritual que lo posee, que es quien habla por su boca. El final de la posesi&#xf3;n tiene lugar con la partida del ser espiritual: el individuo, postrado, volver&#xe1; a ser &#xe9;l mismo y no se acordar&#xe1; de nada (insistamos en ello nuevamente: al menos, debe representar que no se acuerda de nada).</p>
			<p>El &#xe1;mbito de los cultos de posesi&#xf3;n (<italic>Ibid:</italic> 606-607) se sit&#xfa;a preferentemente en las sociedades africanas y afroamericanas, con presencia en Asia -Birmania, Vietnam, Bali- y en las sociedades tradicionales europeas -tarantismo, brujer&#xed;a, o bien a trav&#xe9;s de la mediumnidad espiritista-. En las sociedades donde ha de convivir con religiones monote&#xed;stas, se adapta -m&#xed;stica cristiana, sufismo- o funciona como un sistema relativamente aut&#xf3;nomo y cerrado, preferentemente en el seno de grupos marginados. Es el caso de los cultos de posesi&#xf3;n del Sahel, en un contexto islamizado: <italic>ndoep</italic> w&#xf3;lof, <italic>fine don</italic> mandingo, <italic>holley</italic> songhay, <italic>zar</italic> et&#xed;ope, <italic>bori</italic> sudan&#xe9;s... En cuanto a los contextos cristianizados, los casos m&#xe1;s comunes son los cultos de posesi&#xf3;n afroamericanos: umbanda, candombl&#xe9; y macumba brasile&#xf1;os o el vud&#xfa; haitiano. Estos &#xfa;ltimos est&#xe1;n originados en los grandes sistemas m&#xe1;gico-religiosos del golfo de Guinea: los <italic>vodun</italic> de los haya-funde y los <italic>orisha</italic> yoruba. En los sistemas derivados en Am&#xe9;rica, la posesi&#xf3;n ha sido objeto de una centralizaci&#xf3;n que no encontramos en los &#xab;originales&#xbb; aja-funde y yoruba, en los que, a pesar de ser importante la comunicaci&#xf3;n con las divinidades, la posesi&#xf3;n no constituye el centro del culto. En las formaciones sociales tradicionales africanas es extra&#xf1;o encontrar la posesi&#xf3;n como una instituci&#xf3;n aut&#xf3;noma y autosuficiente, en la forma que se da en los cultos afroamericanos, sino que ocupa un lugar a menudo subordinado en complejos rituales m&#xe1;s amplios.</p>
			<p>La posesi&#xf3;n, como el chamanismo, se incorpora como uno de los dispositivos sociales o tecnolog&#xed;as carism&#xe1;ticas y m&#xed;sticas de los movimientos revitalistas y milenaristas (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Delgado 2001: 14-15</xref>) -por ejemplo, por parte de grupos cristianos heterodoxos en el siglo XIX que en situaciones de crisis y cambio social reinterpretan el repertorio simb&#xf3;lico y cultural del cristianismo para reavivarlo con actitudes y orientaciones sociales y pol&#xed;ticas nuevas respecto a las dominantes, como se&#xf1;ala <xref ref-type="bibr" rid="B33">Douglas (1978 [1970])</xref>-. En las sociedades modernas, la posesi&#xf3;n aparece de la mano de formas ext&#xe1;ticas de cristianismo -el pentecostalismo protestante y cat&#xf3;lico (<xref ref-type="bibr" rid="B19">Cant&#xf3;n Delgado 1998</xref>)- y del culto al poder de la mente -la mediumnidad espiritista (del siglo XIX en adelante)-. En el caso del espiritismo europeo, la conexi&#xf3;n se establece con el gnosticismo, el cristianismo primigenio -y las corrientes &#xab;her&#xe9;ticas&#xbb; medievales que derivan- y corrientes ocultistas, todas ellas, en mayor o menor grado, impl&#xed;citamente vinculadas con proyectos colectivistas de rechazo del mundo en las condiciones en que este se da (<xref ref-type="bibr" rid="B52">Horta 2001</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B53">2004</xref>). Las variaciones en torno a la posesi&#xf3;n son incontables: contextos sociales, simb&#xf3;licos y religiosos distintos remiten a m&#xfa;ltiples pr&#xe1;cticas comunes de los cultos de posesi&#xf3;n, y a la vehiculaci&#xf3;n que se articula en cada sociedad. El cuerpo emerge en calidad de depositario y de exteriorizaci&#xf3;n de una existencia social conflictiva. Una mirada panor&#xe1;mica nos muestra que las variaciones en torno a la posesi&#xf3;n son incontables: en cada cultura la fenomenolog&#xed;a de la posesi&#xf3;n y su interpretaci&#xf3;n simb&#xf3;lica est&#xe1; comunicada con otros sistemas m&#xe1;gico-religiosos en vigor (<xref ref-type="bibr" rid="B82">Sardan 1996 [1991]: 606-608</xref>). En los contextos cristianos, el uso de la posesi&#xf3;n ya se daba entre los montanistas del siglo III de la era cristiana, y m&#xe1;s adelante entre diversas corrientes derivadas del pietismo y el quietismo: cu&#xe1;queros ingleses y norteamericanos, camisardos occitanos, jansenistas convulsionarios franceses.</p>
			<p>Por su parte, el t&#xe9;rmino cham&#xe1;n remite al m&#xe9;dium de los evenki (tung&#xfa;s) siberianos (<italic>saman,</italic> de ra&#xed;z indoeuropea: <italic>sa,</italic> saber), un pueblo cazador y pastor. En el siglo XIII se document&#xf3; una descripci&#xf3;n de una sesi&#xf3;n por parte de un monje franciscano en la corte mongol, aunque la fuente b&#xe1;sica contempor&#xe1;nea para los antrop&#xf3;logos proviene de la etnograf&#xed;a del ruso Sergei Shirokogoroff con los evenki de Siberia (<xref ref-type="bibr" rid="B83">1933</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B84">1993 [1935]</xref>), la cual fue precedida por la etnograf&#xed;a pionera de la antrop&#xf3;loga polaca Maria Czaplicka sobre chamanismo siberiano (<xref ref-type="bibr" rid="B26">1914</xref>). Shirokogoroff afirma (<xref ref-type="bibr" rid="B84">1993 [1935]: 269</xref> -citado en <xref ref-type="bibr" rid="B76">Morris 2015 [2006]: 38-</xref>) que, en todos los lenguajes del &#xe1;rea evenki:</p>
			<disp-quote>
				<p>[Cham&#xe1;n] se refiere a los dos sexos que han dominado los esp&#xed;ritus, que a voluntad pueden introducir estos esp&#xed;ritus en s&#xed; mismos y utilizar su poder sobre sus esp&#xed;ritus en inter&#xe9;s propio, particularmente la ayuda de otras persones a las que los esp&#xed;ritus hacen sufrir: en tal capacidad pueden poseer un complejo especial de m&#xe9;todos para tratar con los esp&#xed;ritus.</p>
			</disp-quote>
			<p>Las pr&#xe1;cticas cham&#xe1;nicas abarcan el &#xe1;rea asi&#xe1;tica (Siberia, Mongolia), el sureste de Asia (Corea), Ocean&#xed;a, Am&#xe9;rica del Norte (navajo, hopi, innumerables sociedades indias) y del Sur (mapuches, aymaras, guaran&#xed;es) y &#xc1;frica (wolof, fula, peul, mande...) (<xref ref-type="bibr" rid="B66">Lewis 1971</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B49">Harner 1976 [1973]</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B50">1987 [1980]</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B92">Vitebvsky 2001 [1995]</xref>). El papel del cham&#xe1;n radica en la necesidad del grupo de afrontar los problemas, en general, de salud y supervivencia como un medio para superarlos. Se trata de un tipo de trance en que el esp&#xed;ritu del cham&#xe1;n abandona el cuerpo y se sit&#xfa;a en un plano no-terrenal donde puede mantener encuentros con otros seres espirituales -ben&#xe9;ficos o mal&#xe9;ficos- con una finalidad curativa en un contexto ritual. <xref ref-type="bibr" rid="B57">La Barre (1972)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B50">Harner (1987 [1980])</xref> relacionan la pr&#xe1;ctica del cham&#xe1;n con los estados alterados de conciencia que este atraviesa. La curaci&#xf3;n simb&#xf3;lica que opera el cham&#xe1;n ha sido reconocida desde contextos occidentales a partir del v&#xed;nculo que la misma biomedicina constata entre estados psicol&#xf3;gicos y emocionales, por un lado, y terapia, por el otro. <xref ref-type="bibr" rid="B38">Eliade (1951)</xref>, historiador de las religiones, plantea el tipo de viaje protot&#xed;pico del cham&#xe1;n: como sacerdote inspirado especializado en el trance, se cree que su alma abandona el cuerpo para ascender al cielo o descender hacia el submundo. Eliade lo caracterizaba por su capacidad de controlar a los esp&#xed;ritus tutelares, como un m&#xe9;dium que interact&#xfa;a con el mundo de los esp&#xed;ritus con el objetivo de adivinar (en relaci&#xf3;n con la caza en las sociedades cazadoras recolectoras), curar, proteger al grupo de parientes o a la colectividad. Tambi&#xe9;n se ha remitido a su dimensi&#xf3;n pol&#xed;tica (<xref ref-type="bibr" rid="B88">Taussig 1991</xref>), o al poder informal del cham&#xe1;n en sociedades inuit del c&#xed;rculo polar &#xe1;rtico o entre los akawaio de la Guayana y el norte del Amazonas. Se ha remarcado (<xref ref-type="bibr" rid="B92">Vitebvsky 2001 [1995]</xref>) su condici&#xf3;n din&#xe1;mica a ra&#xed;z del proceso de expansi&#xf3;n colonial con la globalizaci&#xf3;n de las formas pol&#xed;ticas estatales, de la expansi&#xf3;n del cristianismo, el Islam y el budismo, y de la propia expansi&#xf3;n del capitalismo. Autores como <xref ref-type="bibr" rid="B2">Balzer (1995)</xref> destacan la condici&#xf3;n del cham&#xe1;n como rapsoda y como fuente de formas diversas de poes&#xed;a sagrada (por los yakutia del noreste de Siberia). El cham&#xe1;n act&#xfa;a, y en el contexto ritual puede encarnar los esp&#xed;ritus de animales, de personajes hist&#xf3;ricos, de antepasados. Los estudios mencionados rehuyen las caracterizaciones esencializadoras, fenomenol&#xf3;gicas y psicologicistas que propone <xref ref-type="bibr" rid="B38">Eliade (1951)</xref>, quien bebe desde Husserl (por el concepto <italic>epoh&#xe9;:</italic> suspensi&#xf3;n del juicio -tan cercano a las explicaciones del Don Juan de <xref ref-type="bibr" rid="B20">Castaneda [1986 (1968)])</xref>- hasta el C&#xed;rculo Eranos, cuyos miembros conciben el chamanismo como un fen&#xf3;meno arquet&#xed;pico, fijo, estable, de alg&#xfa;n modo situado fuera del tiempo y del espacio y de las contingencias concretas de sociedades concretas -arrasando as&#xed; el sentido sociol&#xf3;gico de toda aproximaci&#xf3;n antropol&#xf3;gica-.</p>
			<p>Shirokogoroff, el propio Eliade, Lewis, <xref ref-type="bibr" rid="B90">Townsend (1997: 431)</xref>, innumerables antrop&#xf3;logos enfatizan el papel del cham&#xe1;n como intermediador, puente, m&#xe9;dium entre el mundo de los esp&#xed;ritus y el mundo de los vivos: &#xe9;l act&#xfa;a en ambos mundos. No son compartimentos-estanco, herm&#xe9;ticos: en Siberia y en tantos otros lugares los esp&#xed;ritus constituyen un aspecto del medio humano cotidiano, los esp&#xed;ritus tambi&#xe9;n act&#xfa;an en sociedad (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Hutton,2001</xref>; o v&#xe9;ase el relato del cham&#xe1;n <xref ref-type="bibr" rid="B56">Davi Kopenawa [Kopenawa/Albert 2010]</xref>). Pose&#xed;do por los esp&#xed;ritus, el cham&#xe1;n es capaz tambi&#xe9;n de controlarlos: el cham&#xe1;n controla a los esp&#xed;ritus. Este es el elemento central, como veremos m&#xe1;s adelante<xref ref-type="fn" rid="fn1">
					<sup>1</sup>
				</xref>. La inducci&#xf3;n ritual de estados alterados de conciencia del cham&#xe1;n abarca el uso de plantas y hongos alucin&#xf3;genos (Siberia, M&#xe9;xico, Amazonia), la percusi&#xf3;n y los cantos r&#xed;tmicos, la privaci&#xf3;n sensorial y social -aislamiento, ayuno, exposici&#xf3;n a temperaturas extremas-, o el movimiento f&#xed;sico intenso -danzas, carreras-.</p>
			<p>As&#xed; como algunos antrop&#xf3;logos han psicopatologizado la figura del cham&#xe1;n -desde <xref ref-type="bibr" rid="B26">Maria Czaplicka (1914)</xref>, con la <italic>histeria &#xe1;rtica</italic> que diagnostica para los chamanes siberianos, hasta <xref ref-type="bibr" rid="B32">Devereux (1961)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B85">Silverman (1967)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B57">La Barre (1972: 107)</xref>, quienes llegan a tratarlos como enfermos mentales, neur&#xf3;ticos, paranoides o psic&#xf3;ticos-, desde perspectivas antropol&#xf3;gicas claramente sociol&#xf3;gicas se han afirmado las dimensiones vinculadas a un equilibrio saludable, la competencia, la sobriedad cotidiana, la inteligencia, las capacidades sociales -<xref ref-type="bibr" rid="B63">L&#xe9;vi-Strauss (2009 [1949a])</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B77">Murphy (1964)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B66">Lewis (1971)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B78">Noll (1983)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B90">Townsend (1997)</xref>-. Antrop&#xf3;logos como <xref ref-type="bibr" rid="B6">Beattie y Middleton (1969)</xref> alaban el respeto y las bondades resolutivas de los m&#xe9;diums africanos basangu, korekore y otros. </p>
			<p>En 1949, L&#xe9;vi-Strauss parte de su propio trabajo de campo entre los nambikwara brasile&#xf1;os, de los estudios de Stevenson sobre los zunyi de Nuevo M&#xe9;xico y del de Boas publicado en 1930 sobre Quesalid -el cham&#xe1;n kwakiutl del noroeste de Am&#xe9;rica-. L&#xe9;vi-Strauss sostiene que Quesalid no se convierte en un gran cham&#xe1;n porque cura a los pacientes, sino que cura a los pacientes porque se ha convertido en un gran cham&#xe1;n. La sociedad le hab&#xed;a otorgado esa potencia, tal como en el Occidente contempor&#xe1;neo esta es atribuida a m&#xe9;dicos y psicoanalistas. El cham&#xe1;n confiere sentido a la experiencia de desorden del paciente, insertando su proceso de sufrimiento en un mito social en que su experiencia toma un sentido. L&#xe9;vi-Strauss sostiene que el cham&#xe1;n <italic>abreacciona,</italic> que se trata de un <italic>abreactor</italic> profesional (remite, en el campo del psicoan&#xe1;lisis, al punto de inflexi&#xf3;n de la terapia en que el paciente revive con intensidad la situaci&#xf3;n inicial que origina su sufrimiento antes de superarlo). De hecho, <xref ref-type="bibr" rid="B65">L&#xe9;vi-Strauss (1991 [1950]: 19-22)</xref> refiere a la posesi&#xf3;n en general defendiendo firmemente la teor&#xed;a sociol&#xf3;gica frente a las explicaciones psicopatologizadoras:</p>
			<disp-quote>
				<p>En la sociedad en la que se realizan sesiones de posesos, tal situaci&#xf3;n es una conducta abierta a todos; sus formas vienen determinadas por la tradici&#xf3;n, y su valor sancionado por la participaci&#xf3;n colectiva. &#xbf;En nombre de qu&#xe9; podr&#xed;a afirmarse que individuos que corresponden a la categor&#xed;a media de su grupo, que en todos los dem&#xe1;s actos de la vida corriente disponen de todos sus medios intelectuales y f&#xed;sicos, y que ocasionalmente realizan una conducta significativa y aprobada, deber&#xed;an ser tratados como anormales? (<xref ref-type="bibr" rid="B65">L&#xe9;vi-Strauss 1991 [1950]: 19</xref>)</p>
			</disp-quote>
			<p>L&#xe9;vi-Strauss sostiene que esta contradicci&#xf3;n se puede resolver de dos maneras: o bien las conductas agrupadas bajo el nombre de &#xab;trance&#xbb; o de &#xab;posesi&#xf3;n&#xbb; no tienen nada que ver con aquellas conductas que en nuestra propia sociedad se clasifican como psicopatol&#xf3;gicas; o bien se las puede considerar del mismo tipo: si es as&#xed;, su conexi&#xf3;n con los estados patol&#xf3;gicos debe entenderse como el resultado de una determinada condici&#xf3;n de la sociedad en que vivimos. Es decir: aunque un d&#xed;a los fisi&#xf3;logos descubran en las neurosis un sustrato bioqu&#xed;mico, la teor&#xed;a sociol&#xf3;gica de lo que se llaman &#xab;trastornos mentales&#xbb; sigue siendo v&#xe1;lida. &#xbf;Por qu&#xe9;? Si se entiende la cultura como un conjunto de sistemas simb&#xf3;licos -lenguaje, reglas de parentesco, relaciones econ&#xf3;micas, arte, ciencia, religi&#xf3;n-, vemos que esos simbolismos tienen el objetivo de expresar determinados aspectos de la realidad f&#xed;sica y de la realidad social, y de c&#xf3;mo esas realidades se interrelacionan entre ellas y con todos los sistemas simb&#xf3;licos de la sociedad. Ahora bien, la sociedad nunca ofrece a todos sus miembros de la misma manera, en el mismo grado, los medios para aplicarse completamente a la construcci&#xf3;n de una estructura simb&#xf3;lica que para el pensamiento normal s&#xf3;lo se puede llevar a cabo en el plano de la vida social.</p>
			<p>O sea, para L&#xe9;vi-Strauss el equilibrio del esp&#xed;ritu individual implica la participaci&#xf3;n en la vida social, mientras que el hecho de negarse a participar en la vida social -de acuerdo con las formas que la vida social impone a la persona- indica la aparici&#xf3;n de &#xab;trastornos mentales&#xbb;. En consecuencia, en cada sociedad existe siempre un porcentaje variable de personas que est&#xe1;n situadas fuera del universo simb&#xf3;lico estructurado, dominante. Pero eso no significa que dichas personas se encuentren fuera de la sociedad, ya que en cada sociedad se produce una relaci&#xf3;n complementaria entre conductas &#xab;normales&#xbb; y conductas &#xab;especializadas&#xbb; como las que lleva a cabo el cham&#xe1;n o el pose&#xed;do o el brujo -vale la pena recordar c&#xf3;mo <xref ref-type="bibr" rid="B34">Durkheim (2002 [1895]: 103-133)</xref> distingue la noci&#xf3;n de <italic>normal</italic> respecto a la de <italic>anormal</italic> o <italic>patol&#xf3;gico</italic> para su aplicaci&#xf3;n al an&#xe1;lisis sociol&#xf3;gico-. Bastide, Leiris y M&#xe9;traux reh&#xfa;yen tambi&#xe9;n el enfoque psiqui&#xe1;trico, remarcando las dimensiones de la posesi&#xf3;n como actuaci&#xf3;n sujeta a papeles sociales pre-establecidos.</p>
			<p>En lo concerniente al chamanismo en particular, L&#xe9;vi-Strauss se&#xf1;ala:</p>
			<disp-quote>
				<p>Precisamente porque las conductas cham&#xe1;nicas son normales, resulta que en las sociedades en que existe el cham&#xe1;n se consideran normales determinadas conductas que en otras sociedades se considerar&#xed;an y ser&#xed;an efectivamente patol&#xf3;gicas. [&#x2026;] Parece efectivamente que bajo la influencia del contacto con la civilizaci&#xf3;n la frecuencia de las psicosis y neurosis dentro de los grupos que carecen de cham&#xe1;n tiende a aumentar, mientras que en los otros grupos se desarrolla el chamanismo, pero sin que aumenten por ello el n&#xfa;mero de trastornos mentales. [...] a veces nosotros tratamos los fen&#xf3;menos sociol&#xf3;gicos un poco a ciegas, al incluirlos dentro de la patolog&#xed;a, cuando en realidad no tienen nada que ver con ella, o, en todo caso, se debe tratar de cada uno de estos aspectos por separado. De hecho la noci&#xf3;n que de verdad est&#xe1; poco definida es la de <italic>enfermedad mental,</italic> ya que si, como afirma Mauss, lo mental y lo social se confunden, ser&#xed;a absurdo aplicar a uno de los dos &#xf3;rdenes, en aquellos casos en que lo social y lo fisiol&#xf3;gico est&#xe1;n directamente en contacto, una noci&#xf3;n (como la de enfermedad) que s&#xf3;lo tiene sentido para uno de ellos. (<xref ref-type="bibr" rid="B65">L&#xe9;vi-Strauss 1991 [1950]: 21-22</xref>)</p>
			</disp-quote>
			<p>Asumiendo esta perspectiva, para <xref ref-type="bibr" rid="B23">Colleyn (1996: 723)</xref> los cultos de posesi&#xf3;n proponen al mismo tiempo una curaci&#xf3;n (para una nominaci&#xf3;n del mal y para una regulaci&#xf3;n del desorden) y una expresi&#xf3;n codificada de agravios sociales, pero la falta de una teor&#xed;a com&#xfa;n ha reducido trance, posesi&#xf3;n, mediumnidad y chamanismo a un denominador com&#xfa;n o bien a la fragmentaci&#xf3;n de sus significados m&#xfa;ltiples.</p>
			<p>As&#xed;, de <xref ref-type="bibr" rid="B66">Lewis (1971)</xref> a <xref ref-type="bibr" rid="B75">Morris (1995 [1987]</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B76">2015 [2009]: 57)</xref>, pasando por abundantes antrop&#xf3;logos, se considera por regla general el chamanismo y los cultos de posesi&#xf3;n por los esp&#xed;ritus como &#xab;religiones de los oprimidos&#xbb;: de alg&#xfa;n modo nos encontrar&#xed;amos ante cultos de protesta como un medio de los sectores subalternos, con frecuencia las mujeres, para formular intereses, carencias y necesidades en t&#xe9;rminos de contrapeso simb&#xf3;lico (&#xe9;nfasis funcionalista) o bien de articulaci&#xf3;n instrumental, social, de un nuevo orden de relaciones. <xref ref-type="bibr" rid="B91">Verger (1957)</xref> establece en cierta medida las bases de dicho enfoque al tratarlo, en t&#xe9;rminos individualizadores, como &#xab;fen&#xf3;meno del cambio de personalidad moment&#xe1;nea que permite a un individuo encontrar compensaciones para las frustraciones de la vida cotidiana encarnando a un dios y liberando su yo reprimido mediante la externalizaci&#xf3;n inconsciente de sus tendencias escondida<italic>s</italic>&#xbb;. Para una s&#xed;ntesis general, puede acudirse a <xref ref-type="bibr" rid="B18">Fiona Bowie (2006: 174-199)</xref>, la cual traza una s&#xf3;lida recapitulaci&#xf3;n de las aproximaciones etnogr&#xe1;ficas al chamanismo desgranando las dimensiones de formaci&#xf3;n del cham&#xe1;n, sus definiciones (acude a Shirokogoroff), el &#xe1;mbito del control de los esp&#xed;ritus, la ritualidad de las sesiones de trance, la especificidad &#xe1;rtico-siberiana y el terreno de la curaci&#xf3;n cham&#xe1;nica.</p>
		</sec>
		<sec id="sec3">
			<title>Tipolog&#xed;as antropol&#xf3;gicas del trance</title>
			<p>A continuaci&#xf3;n, pretendemos introducirnos en los modos en que desde la teor&#xed;a antropol&#xf3;gica asociada a la pr&#xe1;ctica etnogr&#xe1;fica se ha tipologizado el trance en sus distintas variantes. Si emprendemos una b&#xfa;squeda por internet de art&#xed;culos y monograf&#xed;as sobre el trance podemos encontrar m&#xe1;s de 50.000 textos en dicho campo: es imposible atender todo el conocimiento antropol&#xf3;gico producido sobre el trance, algo que ya afirmaba Ioan Lewis &#xa1;hace d&#xe9;cadas! (<xref ref-type="bibr" rid="B67">2000 [1986]: 44</xref>).</p>
			<p>A los diversos sentidos que se dan a los t&#xe9;rminos trance, posesi&#xf3;n, mediumnidad y chamanismo, se a&#xf1;aden las explicaciones psicol&#xf3;gicas y sociol&#xf3;gicas que interpretan este fen&#xf3;meno social, y el v&#xed;nculo con conceptos tales como &#xe9;xtasis, desterrado por antrop&#xf3;logos como <xref ref-type="bibr" rid="B51">Bertrand Hell (1999: 37)</xref> -estudioso de los cultos de posesi&#xf3;n <italic>gnawa</italic> de Marruecos, para quien el &#xe9;xtasis de santa Teresa de &#xc1;vila se asocia a la soledad, el silencio, la inmovilidad, el trance en el grupo, la m&#xfa;sica, el movimiento y la sobreestimulaci&#xf3;n sensorial-; o bien como <xref ref-type="bibr" rid="B76">Morris (2015 [2009]: 31-32)</xref>, para quien &#xe9;xtasis implica arrebato, euforia, frenes&#xed;, intensificaci&#xf3;n emocional, o, desde perspectivas te&#xed;stas, uni&#xf3;n con dios, mientras que trance remite a estados hipn&#xf3;ticos o inconscientes y puede abarcar estados mentales diversos. Eliade hab&#xed;a enfatizado el papel del cham&#xe1;n como <italic>maestro del &#xe9;xtasis,</italic> pero antrop&#xf3;logos posteriores como la ya fallecida <xref ref-type="bibr" rid="B55">Merete Jakobsen (2015 [1999])</xref> -por sus estudios en Groenlandia y Alaska- enfatizan el papel del cham&#xe1;n como <italic>maestro de los esp&#xed;ritus.</italic> Situamos una diferenciaci&#xf3;n entre trance y &#xe9;xtasis en el cl&#xe1;sico citado de Rouget prologado por Michel Leiris: el fen&#xf3;meno del &#xe9;xtasis se caracterizar&#xed;a por la inmovilidad, el silencio, la soledad, la ausencia de crisis, la privaci&#xf3;n sensorial, el recuerdo y las alucinaciones, mientras que el trance (del pose&#xed;do o del cham&#xe1;n) se caracterizar&#xed;a por el movimiento, el ruido, la presencia de otras personas, la crisis, la sobreestimulaci&#xf3;n sensorial, la amnesia y la falta de alucinaciones.</p>
			<p>A continuaci&#xf3;n, atenderemos tres tipologizaciones cl&#xe1;sicas dirigidas a explicitar los conceptos de trance, posesi&#xf3;n, mediumnidad y chamanismo. Comenzamos con la definici&#xf3;n y tipologizaci&#xf3;n del trance que elabora <xref ref-type="bibr" rid="B41">Raymond Firth (1967)</xref>: posesi&#xf3;n / mediumnidad / chamanismo; proseguimos con la de <xref ref-type="bibr" rid="B27">Luc De Heusch (1971)</xref>: posesi&#xf3;n / chamanismo; y finalizamos con las de <xref ref-type="bibr" rid="B12">Erika Bourguignon (1976)</xref>: trance / trance de posesi&#xf3;n; y de <xref ref-type="bibr" rid="B35">Jean Duvignaud (1979 [1977])</xref>: trance / posesi&#xf3;n. T&#xe9;ngase en cuenta que disponemos de numerosas tipologizaciones antropol&#xf3;gicas desde los a&#xf1;os setenta hasta ahora -de <xref ref-type="bibr" rid="B12">Bourguignon (1976)</xref> a <xref ref-type="bibr" rid="B87">Swanson (1978)</xref>, de <xref ref-type="bibr" rid="B93">Winkelman (1986)</xref> a <xref ref-type="bibr" rid="B51">Hell (1999)</xref>, de <xref ref-type="bibr" rid="B66">Lewis (1971)</xref> a <xref ref-type="bibr" rid="B59">Lambeck (1989)</xref>, de <xref ref-type="bibr" rid="B74">Moore y Sanders (2001)</xref> a <xref ref-type="bibr" rid="B7">Beneduce (2002)</xref>, de <xref ref-type="bibr" rid="B10">Boddy (1994)</xref> a <xref ref-type="bibr" rid="B22">Emma Cohen (2008)</xref>-, si bien con los modelos convocados intentamos componer una mirada panor&#xe1;mica que d&#xe9; cabida al conjunto de propuestas clasificatorias y explicativas para ver hasta qu&#xe9; punto se solapan.</p>
			<p>1. <xref ref-type="bibr" rid="B40">Raymond Firth (1959</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B41">1967)</xref> establece tres modelos de trance bas&#xe1;ndose en el modelo de relaci&#xf3;n entre los humanos y los esp&#xed;ritus protagonistas del &#xab;contacto&#xbb;. &#xc9;l parte de los estudios de antrop&#xf3;logos brit&#xe1;nicos desde los a&#xf1;os cincuenta y sesenta, y de su etnograf&#xed;a de los tikopia melan&#xe9;sicos. Su tipolog&#xed;a es asumida en breve en la recopilaci&#xf3;n editada por John Beattie y John Middleton, <italic>Spirit Mediumship and Society in Africa</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B6">1969</xref>). En 1959 Firth distingu&#xed;a:</p>
			<disp-quote>
				<p>La <italic>posesi&#xf3;n</italic> del esp&#xed;ritu es una forma de trance en que las acciones de comportamiento de una persona se interpretan como prueba del control de su conducta por parte de un esp&#xed;ritu normalmente externo a ella. La <italic>mediumnidad espiritista</italic> es normalmente una forma de posesi&#xf3;n en que la persona se concibe como intermediario entre los esp&#xed;ritus y los humanos. El &#xe9;nfasis aqu&#xed; radica en la comunicaci&#xf3;n; las acciones y las palabras del m&#xe9;dium deben ser traducibles, cosa que lo diferencia de la mera posesi&#xf3;n espiritual o de la locura. El <italic>chamanismo</italic> es un t&#xe9;rmino que prefiero utilizar en el sentido limitado del Norte de Asia, de un <italic>maestro de los esp&#xed;ritus.</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B40">Firth 1959: 141</xref>)</p>
			</disp-quote>
			<p>Firth designa (<xref ref-type="bibr" rid="B41">1967</xref>) dichos conceptos en los t&#xe9;rminos siguientes:</p>
			<p>
				<italic>Posesi&#xf3;n del esp&#xed;ritu:</italic> la v&#xed;ctima pierde paulatinamente el control de s&#xed; misma a medida que es ocupada por el esp&#xed;ritu, el cual termina apoder&#xe1;ndose por completo de su cuerpo. Se trata de una conducta personal &#xab;anormal&#xbb; que el entorno social interpreta como la posesi&#xf3;n de esta persona por parte de un esp&#xed;ritu. La persona es controlada por el esp&#xed;ritu que lo posee. El entorno del pose&#xed;do se afana para apaciguar y pacificar el esp&#xed;ritu invasor y, en la medida que sea considerado como una presencia nociva, intentar&#xe1; expulsarlo del organismo invadido.</p>
			<p>
				<italic>Mediumnidad espiritual:</italic> el esp&#xed;ritu invasor posee un cuerpo y habla a trav&#xe9;s del cuerpo pose&#xed;do, el cual es interpelado por los asistentes a la intermediaci&#xf3;n ritual a fin de obtener conocimiento por parte de la entidad invisible, con finalidades distintas (con familiares difuntos para conocer su estado, con otros esp&#xed;ritus a fin de obtener objetivos sanadores, o bien para conocer el futuro, etc.). Esa entidad procede del mundo de los esp&#xed;ritus, y el m&#xe9;dium es concebido por el entorno social como un intermediario entre el grupo social y los esp&#xed;ritus. Firth enfatiza su dimensi&#xf3;n comunicativa.</p>
			<p>
				<italic>Chamanismo:</italic> el cham&#xe1;n, sea o no un m&#xe9;dium con los esp&#xed;ritus, los controla y ejerce sobre ellos un dominio, es decir, el esp&#xed;ritu est&#xe1; supeditado a la voluntad del cham&#xe1;n a trav&#xe9;s del contacto que este realiza.</p>
			<p>En todos los casos, las entidades invisibles pueden ser vividas por el entorno social como &#xab;ben&#xe9;ficas&#xbb; o bien como &#xab;mal&#xe9;ficas&#xbb;, o como cualquier categor&#xed;a comprendida entre ambos extremos (en el caso de la mediumnidad espiritista europea contempor&#xe1;nea se puede invocar un esp&#xed;ritu &#xab;puro&#xbb; y que se presente uno &#xab;impuro&#xbb;). En el primer apartado -la posesi&#xf3;n- y para el contexto cristiano, el exorcismo manifiesta una estrategia posible por parte del entorno para expulsar a la entidad invasora del cuerpo que ha pose&#xed;do.</p>
			<p>En consecuencia, se pueden distinguir los tres tipos de trance -posesi&#xf3;n, mediumnidad, chamanismo-, por un lado, porque implican un control cada vez mayor sobre el esp&#xed;ritu por parte del grupo humano, y por otro lado, porque en los dos primeros tipos el pose&#xed;do no es consciente de su estado y de la entidad que los ocupa, mientras que en el tercer caso el cham&#xe1;n es plenamente consciente de la direcci&#xf3;n de su viaje para interpelar a una entidad determinada responsable de los des&#xf3;rdenes que sufre el cliente o paciente.</p>
			<p>
				<xref ref-type="bibr" rid="B66">Ioan Lewis (1971)</xref>, a ra&#xed;z de su trabajo de campo entre pastores n&#xf3;madas somal&#xed;es y mujeres pose&#xed;das por esp&#xed;ritus <italic>zar,</italic> a&#xf1;ade una observaci&#xf3;n importante, ya que para &#xe9;l el chamanismo es susceptible de incluir los tres modelos de trance: puede darse una posesi&#xf3;n controlada, o bien el cham&#xe1;n puede abandonar el cuerpo y al mismo tiempo ser pose&#xed;do por esp&#xed;ritus.</p>
			<p>Adem&#xe1;s, desde una perspectiva <italic>emic</italic> puede haber posesi&#xf3;n sin trance cuando determinadas enfermedades son concebidas como esp&#xed;ritus que penetran dentro del cuerpo (<xref ref-type="bibr" rid="B66">Lewis 1971</xref>, y <xref ref-type="bibr" rid="B1">Apud-Pel&#xe1;ez 2017: 44</xref>). <xref ref-type="bibr" rid="B66">Lewis (1971)</xref>, remitiendo a Shirokogoroff, afirma que los fen&#xf3;menos de posesi&#xf3;n se pueden encontrar en las definiciones cl&#xe1;sicas de chamanismo, y enfatiza la distinci&#xf3;n no entre posesi&#xf3;n y chamanismo, sino entre <italic>posesi&#xf3;n controlada</italic> y <italic>posesi&#xf3;n sin control.</italic>
			</p>
			<disp-quote>
				<p>En todas las lenguas tung&#xfa;s [evenki] el t&#xe9;rmino cham&#xe1;n refiere a los dos sexos que han dominado a los esp&#xed;ritus, que a voluntad pueden introducir estos esp&#xed;ritus en s&#xed; mismos y utilizar su poder sobre sus esp&#xed;ritus en su propio provecho, particularmente en la ayuda a otras personas que los esp&#xed;ritus hacen sufrir: en esta capacidad pueden poseer un complejo especial de m&#xe9;todos para tratar con los esp&#xed;ritus. (<xref ref-type="bibr" rid="B84">Shirokogoroff (1993 [1935]: 269)</xref>
				</p>
			</disp-quote>
			<p>
				<xref ref-type="bibr" rid="B77">Murphy (1964: 62-83)</xref>, sobre el chamanismo de los inuit de Alaska, explica la creencia de que la enfermedad pod&#xed;a ser el resultado de la intrusi&#xf3;n de un esp&#xed;ritu ajeno a la persona, lo cual requerir&#xed;a el diagn&#xf3;stico para conocer la identidad del agente espiritual responsable y para llevar a cabo el exorcismo ritual. Distingu&#xed;a, pues, <italic>intrusi&#xf3;n de los esp&#xed;ritus</italic> de <italic>posesi&#xf3;n por esp&#xed;ritus.</italic>
			</p>
			<p>Por otra parte, la diferenciaci&#xf3;n <italic>posesi&#xf3;n controlada / posesi&#xf3;n sin control</italic> est&#xe1; presente como <italic>posesi&#xf3;n voluntaria / posesi&#xf3;n involuntaria</italic> en <xref ref-type="bibr" rid="B27">De Heush (1973 [1971])</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B12">Bourguignon (1976)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B61">Lapassade (1976)</xref>.</p>
			<p>2. Luc de Heusch sostiene que el di&#xe1;logo con los dioses exige unas t&#xe9;cnicas corporales espec&#xed;ficas en cada religi&#xf3;n. Su diferenciaci&#xf3;n entre posesi&#xf3;n y chamanismo no es nueva, ya que <xref ref-type="bibr" rid="B38">Eliade (1951)</xref> ya distingue por un lado chamanismo -que seg&#xfa;n &#xe9;l implica &#xe9;xtasis o trance, vuelo del alma y dominio de los esp&#xed;ritus-, y por el otro lado posesi&#xf3;n por esp&#xed;ritus -que implica que el cham&#xe1;n incorpora los esp&#xed;ritus-. A pesar de que Eliade reconoce que esto sucede en todo el planeta, afirma que ser pose&#xed;do por los esp&#xed;ritus no forma parte estrictamente del chamanismo, cosa que rebatir&#xe1;n etnograf&#xed;as posteriores como las de <xref ref-type="bibr" rid="B66">Lewis (1971)</xref> o <xref ref-type="bibr" rid="B51">Hell (1999)</xref>.</p>
			<p>
				<xref ref-type="bibr" rid="B27">De Heusch (1973 [1971]: 254-278)</xref> efect&#xfa;a una clasificaci&#xf3;n del trance a partir de dos estructuras religiosas antin&#xf3;micas: <italic>chamanismo</italic> y <italic>posesi&#xf3;n.</italic> En el primer tipo de chamanismo, la curaci&#xf3;n del paciente consiste en un adorcismo (incorporaci&#xf3;n del esp&#xed;ritu), all&#xed; donde la t&#xe9;cnica del cham&#xe1;n responde a un &#xab;desposeimiento&#xbb; del enfermo; en el segundo tipo de chamanismo, el mal en el enfermo es provocado por la presencia intempestiva de un cuerpo extra&#xf1;o, lo que se produce ah&#xed; es una adjunci&#xf3;n, no una p&#xe9;rdida. A esa tarea sanadora del cham&#xe1;n en este segundo tipo De Heusch la denomina <italic>exorcismo</italic> (el mal se arranca del enfermo, de cuyo cuerpo se expulsa a la presencia extra&#xf1;a). Aunque De Heusch relaciona (centr&#xe1;ndose sobre todo en los songhay y los thong africanos, en los et&#xed;opes de Gondar y en el <italic>vud&#xfa;</italic> haitiano) un tipo de posesi&#xf3;n con el segundo tipo de chamanismo, distingue por un lado el chamanismo como un ascenso del ser humano hacia los dioses -t&#xe9;cnica y metaf&#xed;sica ascensionales-, de, por el otro lado, la posesi&#xf3;n en calidad de descenso de los dioses y encarnaci&#xf3;n ulterior. A partir de este desarrollo clasificatorio distingue el retorno del alma del primer tipo de chamanismo con el tipo de posesi&#xf3;n que entiende como la adici&#xf3;n de un alma nueva: ambos modelos reciben la nominaci&#xf3;n de <italic>adorcismo;</italic> al segundo tipo de chamanismo, el de la extracci&#xf3;n de una presencia extra&#xf1;a en el cuerpo del enfermo (con el cham&#xe1;n-sanador en trance), le a&#xf1;ade el segundo tipo de posesi&#xf3;n, all&#xed; donde el enfermo es quien est&#xe1; en trance para que se realice la extracci&#xf3;n de un alma extra&#xf1;a a s&#xed; mismo.</p>
			<p>En el contexto cat&#xf3;lico, la alteraci&#xf3;n de los sentidos en la comunicaci&#xf3;n con lo sagrado es percibido como diab&#xf3;lica. Por eso los m&#xed;sticos devienen un peligro para la iglesia: prescinden del funcionariado cat&#xf3;lico como intermediario con la comunicaci&#xf3;n con Dios, y se comunican con este directamente, por medios anormales. Esta experiencia es incontrolable por la iglesia; del mismo modo, la persona pose&#xed;da por el demonio significa un cuerpo extra&#xf1;o dentro del sistema cristiano. En cambio, dentro de los contextos africanos y afroamericanos, el sacerdote organiza un espect&#xe1;culo ritual. <xref ref-type="bibr" rid="B72">M&#xe9;traux (1955)</xref> llama <italic>comedia ritual</italic> al <italic>vud&#xfa;</italic> haitiano; <xref ref-type="bibr" rid="B62">Leiris (1989 [1958])</xref>, <italic>teatro ritual</italic> a los cultos de posesi&#xf3;n eti&#xf3;picos del Gondar, en que los espectadores son elegidos por los esp&#xed;ritus o los dioses: su cuerpo se convierte en el veh&#xed;culo de lo sagrado, los dioses aparecen sobre la tierra, se encarnan, cabalgan al fiel -el cual tiembla, grita, gime, da su voz al esp&#xed;ritu, a la potencia, al dios-, su personalidad desaparece y en su cuerpo irrumpe entonces la personalidad divina.</p>
			<p>Para De Heusch, <italic>posesi&#xf3;n</italic> y <italic>chamanismo</italic> son dos estructuras antin&#xf3;micas, dos maneras de aproximarse a lo sagrado mediante t&#xe9;cnicas corporales hasta cierto punto violentas. Respecto al <italic>vud&#xfa;</italic> haitiano, autores como M&#xe9;traux, Bastide, Verger o Herskovits constatan que esa, digamos, crisis nerviosa socializada puede afectar a un gran n&#xfa;mero de personas: para los etn&#xf3;grafos no es an&#xe1;rquica, sino que obedece a una representaci&#xf3;n <italic>teatral</italic> regulada rigurosamente, a un culto organizado con sacerdotes, panteones y reglas estrictas. <xref ref-type="bibr" rid="B27">De Heusch (1973 [1971])</xref> propone que el chamanismo y la posesi&#xf3;n aparecen acoplados en posiciones sim&#xe9;tricas e inversas, y caracteriza ambos campos as&#xed;: para el <italic>chamanismo,</italic> viaje, metaf&#xed;sica ascensional, voluntariedad y control sobre los esp&#xed;ritus; para la <italic>posesi&#xf3;n,</italic> visita, encarnaci&#xf3;n, involuntariedad y sumisi&#xf3;n a los esp&#xed;ritus.</p>
			<p>Para &#xe9;l, el cham&#xe1;n evoluciona en el dominio de la magia: rivaliza con los dioses, lucha con ellos, a veces les enga&#xf1;a. El cham&#xe1;n sale de s&#xed; mismo, asciende hacia el cielo o baja hacia los infiernos. El cham&#xe1;n abandona su propio cuerpo, su alma se evade. El cham&#xe1;n es sobre todo un sanador, un curandero, un mago. &#xc9;l ayuda a un enfermo, alguien que ha sido despojado de su alma, y el cham&#xe1;n emprende un viaje por el espacio m&#xed;tico para reconquistar a esta alma perdida. Lo hace porque hay unos esp&#xed;ritus tutelares, ben&#xe9;volos, que dialogan con &#xe9;l y que le ayudan en este viaje. El cham&#xe1;n es un h&#xe9;roe. Para De Heusch, los dos polos de la estructuraci&#xf3;n de las t&#xe9;cnicas ext&#xe1;ticas -el <italic>chamanismo</italic> y la <italic>posesi&#xf3;n</italic>-, operan en el seno de un sistema global de representaci&#xf3;n que incluye cuatro tipos, los cuales se corresponden dos a dos y se reducen a dos procesos fundamentales. Se trata de lo que se ha dado en llamar una &#xab;geometr&#xed;a del alma&#xbb; estructuralista que se sintetiza a partir de un diagrama que muestra una doble simetr&#xed;a inversa, horizontal y vertical al mismo tiempo, sobre la base del binomio <italic>adorcismo / exorcismo:</italic> entendemos el <italic>adorcismo</italic> como la incorporaci&#xf3;n de un esp&#xed;ritu, y el <italic>exorcismo</italic> como la expulsi&#xf3;n del cuerpo de este esp&#xed;ritu o presencia.</p>
			<table-wrap id="t1">
				<table>
					<colgroup>
						<col/>
						<col/>
					</colgroup>
					<thead>
						<tr>
							<th align="center">ADORCISMO</th>
							<th align="center">EXORCISMO</th>
						</tr>
					</thead>
					<tbody>
						<tr>
							<td align="center">
								<italic>Chamanismo A</italic>
							</td>
							<td align="center">
								<italic>Chamanismo B</italic>
							</td>
						</tr>
						<tr>
							<td align="center">(retorno del alma)</td>
							<td align="center">(extracci&#xf3;n de una presencia extra&#xf1;a)</td>
						</tr>
						<tr>
							<td align="center">
								<italic>Posesi&#xf3;n A</italic>
							</td>
							<td align="center">
								<italic>Posesi&#xf3;n B</italic>
							</td>
						</tr>
						<tr>
							<td align="center">(incorporaci&#xf3;n de un alma nueva)</td>
							<td align="center">(extracci&#xf3;n de un alma extra&#xf1;a)</td>
						</tr>
					</tbody>
				</table>
			</table-wrap>
			<p>En s&#xed;ntesis, para Luc de Heusch la posesi&#xf3;n sugiere una l&#xf3;gica inversa a la del chamanismo: la del descenso de los esp&#xed;ritus o dioses o la del ascenso de los demonios. Lo que posee a un enfermo no es un fragmento que perturba al cuerpo, sino una presencia que lo domina y que puede ser ben&#xe9;fica o nociva. Si es nociva: Demonio / Enfermedad mental / Enajenaci&#xf3;n mental. El pose&#xed;do est&#xe1; totalmente -y no parcialmente- invadido. Tambi&#xe9;n el exorcismo -o, en el &#xe1;mbito biom&#xe9;dico, el electrochoque- ser&#xed;an modalidades de expulsi&#xf3;n de presencias indeseables. En la posesi&#xf3;n ben&#xe9;fica, el esp&#xed;ritu es invitado, se le acepta de buen grado: el alma se retira para dejar al dios que monte a su fiel. &#xbf;Qu&#xe9; hacen los m&#xed;sticos cristianos? Dejar que Dios les invada completamente<xref ref-type="fn" rid="fn2">
					<sup>2</sup>
				</xref>. El modelo que propone De Heusch remite a las v&#xed;as de comunicaci&#xf3;n entre instancias de dos mundos a partir del ascenso y el descenso: del mundo del cielo o del submundo, hacia el mundo del cielo o bien hacia el submundo, lo que abre la puerta a la conexi&#xf3;n con el aparicionismo y las visiones, la angelolog&#xed;a, los cultos UFO, etc. De Heusch sostiene (<xref ref-type="bibr" rid="B27">1973 [1971]: 313-318</xref>) que la posici&#xf3;n estructural del <italic>mediumnismo</italic> -se refiere espec&#xed;ficamente al mediumnismo m&#xe9;dico, y menciona a los sukama, los kuba, los luba y los nuba africanos- es lo que le permite evolucionar de una forma &#xab;indiferente hacia las manifestaciones francas de posesi&#xf3;n o, por el contrario, a convertirse en chamanismo aut&#xe9;ntico&#xbb;.</p>
			<p>
				<xref ref-type="bibr" rid="B5">Bastide (1972)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B51">Hell (1999: 41)</xref> replican la r&#xed;gida separaci&#xf3;n de De Heusch, que tambi&#xe9;n hace suya <xref ref-type="bibr" rid="B81">Rouget (1990 [1980])</xref>. Bastide y Hell consideran que, lejos de ser dos polos opuestos, el <italic>adorcismo</italic> y el <italic>exorcismo</italic> siempre se encuentran combinados en marcos rituales de pr&#xe1;cticas terap&#xe9;uticas.</p>
			<p>3. En 1976, la antrop&#xf3;loga norteamericana Erika Bourguignon despliega un an&#xe1;lisis intercultural de las &#xab;creencias&#xbb; y los comportamientos asociados a la posesi&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B12">
					<italic>Possession,</italic> 1976</xref>). Partiendo del <italic>Atlas Etnogr&#xe1;fico</italic> de George Murdock (1962-1980), Bourguignon analiza 488 sociedades de todo el planeta, distinguiendo la amplia gama de fen&#xf3;menos de posesi&#xf3;n en dos tipos: el <italic>trance,</italic> o <italic>trance visionario,</italic> por un lado, y el <italic>trance de posesi&#xf3;n</italic> por el otro -<xref ref-type="bibr" rid="B7">Roberto Beneduce (2002)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B21">Emma Cohen (2008)</xref> y Brian <xref ref-type="bibr" rid="B76">Morris (2015 [2009])</xref>, entre otros, han analizado la clasificaci&#xf3;n de Bourguignon-. Para dicha antrop&#xf3;loga, la posesi&#xf3;n no es sin&#xf3;nimo de un estado alterado de conciencia -ambos t&#xe9;rminos se pueden superponer solo cuando se atribuye el estado de conciencia alterado en alg&#xfa;n tipo de posesi&#xf3;n-. El trance y el trance de posesi&#xf3;n son condiciones que deben mantenerse separadas: el trance de posesi&#xf3;n &#xfa;nicamente est&#xe1; presente en aquellas sociedades en que el sistema de creencias y el conocimiento local prev&#xe9;n la posesi&#xf3;n, all&#xed; donde este sistema proporciona la base para nombrar determinados tipos de experiencia, emociones y disturbios, situ&#xe1;ndolos en un modelo explicativo coherente con las presiones culturales: lo que la gente cree sobre los estados alterados de la conciencia afecta a su comportamiento. La caracterizaci&#xf3;n que <xref ref-type="bibr" rid="B13">Bourguignon (1979)</xref> aplica para los dos fen&#xf3;menos podr&#xed;a sintetizarse como sigue: <italic>Trance:</italic> masculino, se da en sociedades de cazadores recolectores; experiencia en general solitaria, a pesar de ello se trata de una experiencia prescrita, socialmente estructurada, aprendida y posteriormente comunicada al grupo; f&#xed;sicamente activo, puesto que el visionario act&#xfa;a activamente con los esp&#xed;ritus, su alma vuela, parte del cuerpo hacia el exterior, etc.; el hombre en trance permanece en el s&#xed; mismo y gana poder. Por otro lado, respecto al <italic>trance de posesi&#xf3;n:</italic> femenino, se da en sociedades agr&#xed;colas; representaci&#xf3;n activa, siempre necesitada de un entorno grupal, aunque esto no se aplique a todas las fases de la posesi&#xf3;n; f&#xed;sicamente pasivo, la pose&#xed;da sufre pasivamente el trance y la posesi&#xf3;n, deviene recept&#xe1;culo de las divinidades, cabalgada por los esp&#xed;ritus, pose&#xed;da; la mujer pose&#xed;da deja de ser ella misma, pierde su identidad y se convierte en otra figura social -si bien esto es solo un aspecto transitorio el significado del cual debe situarse en el marco de las relaciones cotidianas y de la experiencia completa de la pose&#xed;da-.</p>
			<p>Para Bourguignon, el <italic>trance</italic> como fen&#xf3;meno religioso est&#xe1; ligado a sociedades cazadoras, recolectoras y pescadoras, inducido por la mortificaci&#xf3;n o la privaci&#xf3;n sensorial, el aislamiento o las drogas, y lo experimentan, en general, los hombres debido a la ansiedad que les provoca la exigencia social de que sean independientes y autosuficientes. En cambio, el <italic>trance de posesi&#xf3;n</italic> se da en sociedades agr&#xed;colas o estratificadas y se relaciona con una escala de valores vinculada a la alimentaci&#xf3;n, la fiabilidad y la obediencia, valores que asocia a las mujeres y a sus modelos de socializaci&#xf3;n, por esta raz&#xf3;n concluye que el trance de posesi&#xf3;n es un fen&#xf3;meno t&#xed;picamente femenino. Bourguignon coincide con <xref ref-type="bibr" rid="B66">Lewis (1971)</xref> en lo concerniente al hecho que en muchas sociedades las mujeres utilizan estos cultos de posesi&#xf3;n como un medio para hacer p&#xfa;blicos resentimientos y de afirmar su autonom&#xed;a e independencia respecto a los hombres: entran en trance y esp&#xed;ritus poderosos las poseen. Lewis, Bourguignon, Ong, Ferchiou, Boddy, Linse&#x2026;: existe un amplio espectro de etnograf&#xed;as que remarcan estos usos de la posesi&#xf3;n por parte de las mujeres<xref ref-type="fn" rid="fn3">
					<sup>3</sup>
				</xref>. </p>
			<p>Es necesario advertir, en este punto, que no aspiramos a una comprensi&#xf3;n ecl&#xe9;ctica que totalice las tipologizaciones mostradas hasta ahora, sino a una confrontaci&#xf3;n de las explicaciones para constatar que, a pesar de la diversidad conceptual y ling&#xfc;&#xed;stica, nos encontramos ante explicaciones complementarias que plantean una serie de diferenciaciones formales hasta cierto punto coincidentes en cuanto a los contenidos.</p>
			<p>Para Bourguignon el <italic>trance</italic> es una <italic>experiencia,</italic> en cambio el <italic>trance de posesi&#xf3;n</italic> es una <italic>actuaci&#xf3;n</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B13">1979: 262 y 263</xref>), coincidiendo con lo que plantea Duvignaud, el cual establece un paralelismo entre la posesi&#xf3;n y el teatro (<xref ref-type="bibr" rid="B35">1979 [1977]: 53-55</xref>). Ambos tipos, trance y trance de posesi&#xf3;n, implican la concepci&#xf3;n social de que una persona &#xab;cambia de alg&#xfa;n modo&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B12">Bourguignon 1976: 8</xref>). Para Bourguignon, as&#xed; como el trance se expresa en estados alterados de conciencia, en la posesi&#xf3;n estos estados de trance est&#xe1;n ausentes. Para ella, el trance como estado alterado de conciencia &#xab;no implica ninguna creencia de posesi&#xf3;n asociada&#xbb;. Es una distinci&#xf3;n que la antropolog&#xed;a anglosajona ha seguido en general.</p>
			<p>Casi paralelamente a Bourguignon, el antrop&#xf3;logo franc&#xe9;s <xref ref-type="bibr" rid="B35">Jean Duvignaud (1979 [1977])</xref> diferencia tambi&#xe9;n la posesi&#xf3;n del trance:</p>
			<disp-quote>
				<p>La experiencia deber&#xed;a llevarnos a separar rigurosamente la posesi&#xf3;n del trance. La imitaci&#xf3;n de un personaje m&#xed;tico, la posesi&#xf3;n por un <italic>loa,</italic> un <italic>zar</italic> o lo que nosotros llamamos un &#xab;esp&#xed;ritu&#xbb; significa que, m&#xe1;s all&#xe1; de la desestructuraci&#xf3;n del &#xab;uno mismo&#xbb;, el participante se reestructura en un modelo estereotipado, que corresponde a cierto patr&#xf3;n ideal de emociones y de actos definidos por un personaje debidamente construido y, por decirlo as&#xed;, instituido. La finalidad del trance es el trance mismo, perecedero como es, pero intenso, ya que no le preocupa reconstruir el &#xab;yo&#xbb; destruido en un ser prefabricado. El trance descompone un <italic>consensus</italic> social. Se reafirma en la fuerza de un dinamismo que las sociedades canalizan y reconstituyen en formas estables, reproducidas incansablemente. Si la fiesta tiene alg&#xfa;n sentido, se inclina del lado del trance. Es muy dif&#xed;cil saber por qu&#xe9; el trance puede no acabar en posesi&#xf3;n. Sobre todo, para nosotros, hombres de sociedades tecnol&#xf3;gicas. Y. sin duda, porque la pr&#xe1;ctica del actor de teatro nos ha alejado de esas experiencias. (<xref ref-type="bibr" rid="B35">Duvignaud 1979 [1977]: 53</xref>)</p>
			</disp-quote>
			<p>
				<xref ref-type="bibr" rid="B35">Duvignaud (1979 [1977]: 9-57)</xref> aclara la distinci&#xf3;n entre <italic>trance</italic> y <italic>posesi&#xf3;n</italic> a ra&#xed;z de su investigaci&#xf3;n sobre la umbanda brasile&#xf1;a, las pr&#xe1;cticas de los ziaras y los cultos morab&#xed;ticos magreb&#xed;es: el trance implica la disoluci&#xf3;n del s&#xed; mismo, de la conciencia de s&#xed; mismo, del tiempo y del espacio, sin que su personalidad se reconstruya en una personalidad artificial y m&#xed;stica; en el caso de la posesi&#xf3;n, la persona adopta la m&#xe1;scara de una de las figuras del pante&#xf3;n africano. De los participantes, las masas no iniciadas incluso desconocen los dioses que se consultar&#xe1; (Ogun, Xang&#xf3;, etc.), solo conocen la experiencia de distanciamiento que es el trance. Movimiento r&#xed;tmico, con percusi&#xf3;n, del cual todos participan (&#xab;un solo cuerpo, una sola alma, estado de masa&#xbb;, escribe Mauss): ritmo, drogas, incienso, alcohol&#x2026; El trance tiende a la disoluci&#xf3;n de los papeles sociales, se disuelve moment&#xe1;neamente la vida social organizada: estremecimientos corporales, alucinaci&#xf3;n colectiva, y no pasa nada&#x2026; se borra el propio yo sin que sea sustituido por ninguna otra formaci&#xf3;n ps&#xed;quica, a diferencia de la posesi&#xf3;n. A trav&#xe9;s del baile y la danza, tanto en el Magreb como en Brasil, el trance es un estado indefinido pero espec&#xed;fico: trance y posesi&#xf3;n son dos escenas en dos tiempos distintos y separados. El trance implica una desposesi&#xf3;n de los papeles sociales que termina en un estado de indeterminaci&#xf3;n a-estructural, de afectividad difusa, una conducta colectiva que no se puede estabilizar, que no se puede integrar a la conciencia colectiva o a la actividad institucional. Se interrumpe la clasificaci&#xf3;n social (tendero, soldado, sirviente&#x2026;). El trance aparece, dice Duvignaud, como una zona de sombras, como una ruptura moment&#xe1;nea con el transcurso de las cosas. Se cae en el vac&#xed;o. El trance no anuncia el evento de nada, est&#xe1; entre la niebla&#x2026; una regi&#xf3;n confusa donde se mezclan naturaleza y vida social. &#xab;El discurso escrito nunca puede expresar la diversidad de la experiencia colectiva&#xbb;, sostiene Duvignaud. El trance es buscado por s&#xed; mismo: el recurso al trance est&#xe1; abierto a todos, implica una iniciaci&#xf3;n m&#xed;nima. El trance termina en la descomposici&#xf3;n del s&#xed; mismo y del seno social, del consenso social; la posesi&#xf3;n termina en la imitaci&#xf3;n de los modelos conocidos, por este motivo la fiesta se inclinar&#xed;a del lugar del trance.</p>
			<p>Para el antrop&#xf3;logo franc&#xe9;s, existe la posibilidad de que mediante el uso del trance se descomponga el consenso social -praxis constitutiva de Spinoza-. El trance estalla en los cuerpos de los humanos como una t&#xe9;cnica, como un artefacto corporal cuya potencia se reafirma continuamente desde su fuerza din&#xe1;mica canalizadora a modo de reconstituyente cr&#xf3;nico de sistemas sociales. Esta reconstituci&#xf3;n fundamentada en las capacidades del cuerpo puede superar lo instituido, lo establecido, puede servir para no retornar a lo cotidiano, o bien puede servir, al menos, para retrasar el regreso. Si la posesi&#xf3;n es un contenido m&#xe1;s para el trance, y si este solo contenido es abrumador en la diversidad de redes de significaciones y de sistemas de relaciones sociales que articula a su alrededor, entonces el trance se erige como <italic>la</italic> t&#xe9;cnica para cruzar a trav&#xe9;s de la rendija: una actividad social que puede ser actividad para la transformaci&#xf3;n, un &#xab;devenir eterno&#xbb; al alcance de los humanos liberado del miedo, el terror y la muerte. Por eso Duvignaud sugiere que quiz&#xe1;s la tecnificada sociedad occidental ha reemplazado el trance y la fiesta por el sue&#xf1;o y la locura (<italic>Ibid:</italic> 57)<xref ref-type="fn" rid="fn4">
					<sup>4</sup>
				</xref>.</p>
			<p>Todo ello coincide con la relevancia que Lewis otorga a la distinci&#xf3;n entre <italic>posesi&#xf3;n controlada</italic> / <italic>posesi&#xf3;n sin control.</italic> La dicotomizaci&#xf3;n <italic>control del esp&#xed;ritu / control por el esp&#xed;ritu</italic> se manifiesta tambi&#xe9;n en la literatura antropol&#xf2;gica, de forma clara, en el binomio <italic>posesi&#xf3;n voluntaria / posesi&#xf3;n involuntaria</italic> (la primera, deseada, organizada; la segunda, all&#xed; donde el individuo es invadido inconscientemente (<xref ref-type="bibr" rid="B66">Lewis 1971</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B61">Lapassade 1976</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B13">Bourguignon 1979</xref>). </p>
			<p>Antrop&#xf3;logos como <xref ref-type="bibr" rid="B22">Emma Cohen y Justin Barret (2008)</xref> explicitan el acuerdo respecto a la posesi&#xf3;n como eclosi&#xf3;n socialmente pautada de un personaje espiritual que forma parte del repertorio social, lo cual no tiene nada que ver con la liberaci&#xf3;n de todo tipo de encorsetamientos preexistentes que encarna el trance, siguiendo la mirada de Duvignaud. Para Cohen y Barret, la posesi&#xf3;n implica m&#xed;nimamente las siguientes condiciones: durante el episodio de posesi&#xf3;n la agencia del anfitri&#xf3;n est&#xe1; completamente reemplazada por una agencia distinta a la del anfitri&#xf3;n. La entidad que posee -es decir, el agente poseedor- controla completamente los comportamientos del cuerpo del hu&#xe9;sped. El agente poseedor es plenamente responsable de todos los comportamientos del digamos anfitri&#xf3;n durante el lapso de tiempo del episodio. Para <xref ref-type="bibr" rid="B51">Hell (1999: 40)</xref>, la posesi&#xf3;n implica una subordinaci&#xf3;n del agente ocupado respecto al agente ocupante.</p>
			<p>
				<xref ref-type="bibr" rid="B10">Janice Boddy (1994: 407)</xref> caracteriza la posesi&#xf3;n como un t&#xe9;rmino amplio refiri&#xe9;ndose a una integraci&#xf3;n de esp&#xed;ritu y materia, de fuerza o poder y realidad corporal, en un universo donde las fronteras entre el individuo y la sociedad son flexibles, permeables o incluso negociables. Boddy remite a la noci&#xf3;n de <italic>mimesis</italic> de <xref ref-type="bibr" rid="B89">Michael Taussig (1993)</xref> para replantear la cuesti&#xf3;n de &#xab;&#xbf;C&#xf3;mo es que el resto de personas creen que el `yo&#xb4; es permeable por fuerzas del exterior?&#xbb; a &#xab;&#xbf;C&#xf3;mo es que los modelos de Occidente han negado repetidamente esta permeabilidad?&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B10">Boddy 1994: 427</xref>).</p>
			<p>Vincent Crapanzano define <italic>posesi&#xf3;n</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B25">2005: 8687</xref>) de una manera similar a la del <italic>trance de posesi&#xf3;n</italic> de Bourguignon. Seg&#xfa;n Crapanzano, la <italic>posesi&#xf3;n espiritual</italic> se puede definir ampliamente como cualquier estado alterado o inusual de conciencia y como conductas aliadas, desde la concepci&#xf3;n ind&#xed;gena, en t&#xe9;rminos de la influencia de un esp&#xed;ritu, un demonio o una deidad ajenos. Rex Jones (en <xref ref-type="bibr" rid="B86">Smith 2006: 35 y 36</xref>), a partir de su trabajo de campo en Nepal sobre posesi&#xf3;n, define la <italic>posesi&#xf3;n espiritual</italic> como un estado alterado de conciencia por parte de un individuo como consecuencia de lo que se percibe o se cree que es la incorporaci&#xf3;n de una forma ajena con atributos vitales y espirituales, como el esp&#xed;ritu de una instancia sobrehumana -una bruja, un brujo, dios, diosa o divinidad religiosa-.</p>
			<p>Las clasificaciones, definiciones y agrupamientos conceptuales y de fen&#xf3;menos sociales que hemos visto hasta ahora y los que veremos a continuaci&#xf3;n dan cuenta, de entrada, de modos de pensar el mundo, de interpretarlo y de categorizarlo dominantes en Occidente, que tratan de comprender experiencias y conceptualizaciones ind&#xed;genas o de sociedades subalternizadas -por el &#xab;giro ontol&#xf3;gico&#xbb; de Descola y Viveiros; o por el cham&#xe1;n xuar Davi Kapenawa (<xref ref-type="bibr" rid="B56">Kapenawa / Albert 2010</xref>)-. Boddy se&#xf1;ala una vez m&#xe1;s -he ah&#xed; un <italic>continuum</italic> en la antropolog&#xed;a del trance- que la <italic>posesi&#xf3;n</italic> est&#xe1; a menudo ligada a contextos de resistencia sociopol&#xed;tica y econ&#xf3;mica en la medida que proporciona modos de &#xab;comprender, probar, llegar a un acuerdo con la modernidad, el colonialismo, el capitalismo y las hegemon&#xed;as religiosas y de otro tipo&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B10">Boddy 1994: 421</xref>). La antrop&#xf3;loga enfatiza la forma en que la <italic>posesi&#xf3;n,</italic> a menudo, &#xab;toma forma como un medio de conocimiento cultural y un medio de conocimiento y curaci&#xf3;n, cuya direcci&#xf3;n es a la vez extensa y incorporativa&#xbb; (<italic>Ibid:</italic> 414).</p>
			<p>Por otro lado, debe tenerse en cuenta la relaci&#xf3;n ambigua entre <italic>trance</italic> y <italic>posesi&#xf3;n.</italic> Bourguignon sostiene (<xref ref-type="bibr" rid="B13">1979</xref>) que:</p>
			<disp-quote>
				<p>Adem&#xe1;s, la frecuencia m&#xe1;s baja con la que el trance de posesi&#xf3;n aparece en relaci&#xf3;n con la integraci&#xf3;n de alteraciones de conciencia en el repertorio de rituales religiosos [...] sugiere la hip&#xf3;tesis de que no se originaron juntos, y que el concepto de la posesi&#xf3;n no deriva de las experiencias de los estados de alteraci&#xf3;n de la conciencia. Parece m&#xe1;s bien que la creencia en la posesi&#xf3;n y los estados de alteraci&#xf3;n de la conciencia tienen relatos separados; y se han combinado, tal vez en m&#xe1;s de una ocasi&#xf3;n, en circunstancias particulares.</p>
			</disp-quote>
			<p>Siguiendo este camino, antrop&#xf3;logos como Michael Lambeck argumentan que el <italic>trance</italic> y la <italic>posesi&#xf3;n</italic> no se pueden distinguir y considerar de forma aislada: son fen&#xf3;menos conformados por la influencia cultural dominante: &#xab;El trance no es anterior a la posesi&#xf3;n espiritual ni en un sentido l&#xf3;gico ni causal, y la posesi&#xf3;n no se puede ver como un `modelo de trance&#xb4;, a no ser que tambi&#xe9;n se entienda que se trata igualmente de un modelo para el trance&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B59">Lambeck 1989: 40</xref>).</p>
			<p>Recapitular&#xed;amos estas operaciones clasificatorias recordando que la tarea de los antrop&#xf3;logos consiste en comprender c&#xf3;mo se interpretan trance y la posesi&#xf3;n en una sociedad dada en un momento dado, como se&#xf1;ala <xref ref-type="bibr" rid="B69">Tanya Luhrman (2001 [1997]: 652)</xref>. En la posesi&#xf3;n, el agente ha sido ocupado por un esp&#xed;ritu ajeno, extra&#xf1;o al s&#xed; mismo, y, en el trance, el esp&#xed;ritu del agente ha abandonado el cuerpo para llevar a cabo alguna tarea, por lo que la combinaci&#xf3;n de ambos fen&#xf3;menos caracterizar&#xed;a propiamente el chamanismo.</p>
			<p>En el contexto cham&#xe1;nico, el trance implica el abandono temporal del cuerpo con el fin de penetrar en un trasmundo superior o inferior para reclamar el alma enferma en un marco ritual de curaci&#xf3;n. Luhramn coincide con Lambeck que la posesi&#xf3;n no se da antes del trance, y que la apelaci&#xf3;n a la posesi&#xf3;n sirve para expresar necesidades y deseos ante el control social que sus protagonistas sufren y que no podr&#xed;an formular en un estado normal o cotidiano: es lo que <xref ref-type="bibr" rid="B66">Lewis (1971)</xref> llama <italic>rebeli&#xf3;n ritualizada</italic>. Morris sostiene (<xref ref-type="bibr" rid="B76">2015 [2009]: 36</xref>) que en numerosos contextos sociales la posesi&#xf3;n no implica ninguna disociaci&#xf3;n ni estados alterados de conciencia. Un paciente puede ser pose&#xed;do sin que ello implique que se encuentra en estado de trance. Incluso un esp&#xed;ritu <italic>zar</italic> puede poseer a alguien sin que ello implique p&#xe9;rdida del alma, y al rev&#xe9;s: en algunas sociedades africanas la p&#xe9;rdida del alma no conlleva la posesi&#xf3;n por esp&#xed;ritus.</p>
		</sec>
		<sec id="sec4" sec-type="conclusions">
			<title>Conclusiones</title>
			<p>Nos encontramos ante parrillas clasificatorias -igual que sucede en el campo de la antropolog&#xed;a pol&#xed;tica con banda / tribu / jefatura / estado- respecto a las cuales surgen continuamente excepciones y solapamientos. Las dificultades de someter la vida colectiva a procesos tipologizadores desde la ciencia es evidente, tanto como el hecho de que toda taxonom&#xed;a informa a veces m&#xe1;s de los taxonomizadores que de las sociedades y los fen&#xf3;menos taxonomizados. No es nada nuevo en la antropolog&#xed;a social: esta consideraci&#xf3;n es inherente a la historia de nuestro campo de saber. En resumen, lo que se ha planteado es hasta qu&#xe9; punto el trance implica una descomposici&#xf3;n del s&#xed; mismo de los participantes, aunque ello no necesariamente conduzca a la posesi&#xf3;n, a la mediumnidad o al chamanismo. Las tipolog&#xed;as de Firth y De Heusch en realidad no se contradicen, si bien no tienen en cuenta la diferenciaci&#xf3;n entre, por una parte, un trance que no conduce a ninguna parte si no a un abandono colectivo del s&#xed; mismo, y, por otra parte, una posesi&#xf3;n y una mediumnidad que comportan la sustituci&#xf3;n de la personalidad por un agente externo reconocido socialmente en el pante&#xf3;n de divinidades o personajes, o, como es el caso del chamanismo, en el que la propia personalidad del cham&#xe1;n se impone a los esp&#xed;ritus invasores. Ah&#xed; reside la clave, por eso hemos subtitulado el presente art&#xed;culo como &#xab;derivaciones tipol&#xf3;gicas potenciales del trance&#xbb;: identificamos un fen&#xf3;meno que denominamos trance, el cual puede conducir, o no, a la posesi&#xf3;n, la mediumnidad y el chamanismo. M&#xe1;s all&#xe1; de c&#xf3;mo dichas definiciones y tipologizaciones se imbrican con el &#xe1;mbito colindante de las teor&#xed;as antropol&#xf3;gicas del trance, tarea distinta supone abordar su identificaci&#xf3;n -fuera de marcos formalmente socioreligiosos- en las sociedades de clase occidentales actuales.</p>
		</sec>
	</body>
	<back>
		<fn-group>
			<title>Notas</title>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>
					<sup>1</sup>
				</label>
				<p>Salvando las distancias -marco social tradicional, &#xab;espontaneidad&#xbb; del fen&#xf3;meno y grado de consciencia del agente- podr&#xed;a establecerse cierto tipo de paralelismo con el <italic>channelling</italic> -la canalizaci&#xf3;n- en el contexto de los movimientos asociados a la New Age, si atendemos al hecho de que el &#xab;m&#xe9;dium, persona que toma contacto con los esp&#xed;ritus, de manera espont&#xe1;nea, usa lo aprendido o dictado por estos entes para hacer un bien social&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B47">Graef Vel&#xe1;zquez 2006</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>
					<sup>2</sup>
				</label>
				<p>De Heusch se interroga sobre c&#xf3;mo se acercan el pose&#xed;do por Sat&#xe1;n y el m&#xed;stico pose&#xed;do por Dios a lo sagrado, sea lo diab&#xf3;lico o lo divino. Seg&#xfa;n &#xe9;l, la posesi&#xf3;n sat&#xe1;nica responder&#xed;a al tipo de posesi&#xf3;n B: exorcismo, extracci&#xf3;n de un alma extra&#xf1;a que exige la intervenci&#xf3;n de un funcionario cat&#xf3;lico especializado -la iglesia cat&#xf3;lica tiene en n&#xf3;mina millones de funcionarios, y cada demarcaci&#xf3;n territorial (obispados) sigue dispone de su propio exorcista. Entre el catolicismo, como entre los thonga y en tantas otras sociedades del planeta, se ve al pose&#xed;do bajo el dominio de un esp&#xed;ritu mal&#xe9;fico que se debe expulsar de su cuerpo. A su vez, la m&#xed;stica cristiana fusiona chamanismo y posesi&#xf3;n. La marcha inicial del m&#xed;stico, el umbral del &#xe9;xtasis, obedece a una operaci&#xf3;n ascensional, chaman&#xed;stica: el m&#xed;stico sale de s&#xed; mismo para ir al encuentro de los dioses, del dios omnipotente. La iglesia advierte que este acto es un acto de orgullo que amenaza a quien se adentra en este camino. &#xbf;Qu&#xe9; sucede a continuaci&#xf3;n en este trayecto? Que el m&#xed;stico se siente invadido, pose&#xed;do, por la presencia divina. Para De Heusch, se trata de un estado de posesi&#xf3;n ambiguo: Dios se introduce en la personalidad humana pero no se encarna en ella, puesto que afirmar esto ser&#xed;a considerado un sacrilegio por los cristianos. Los m&#xed;sticos afirman que llegan a una esfera en la que han sido absorbidos por Dios. Ahora bien, en esta esfera, justo a medio camino de la tierra y el cielo, el m&#xed;stico se despersonaliza, siguiendo los rasgos caracter&#xed;sticos de la posesi&#xf3;n aut&#xe9;ntica o posesi&#xf3;n A. Pero, a diferencia de los cultos de posesi&#xf3;n tradicionales africanos en que la colectividad puede disfrutar de la presencia de un esp&#xed;ritu ben&#xe9;fico encarnado en una persona, De Heusch duda de que el cristianismo africano pueda hacer este paso, ya que los misioneros cristianos no han dejado de atribuir el teatro sagrado de los pose&#xed;dos africanos al Demonio. Efectivamente, en todo el planeta el m&#xed;stico cristiano disfruta de una experiencia que no comparte con el entorno social: su marcha es solitaria, dolorosa, individual. Incluso es objeto de persecuci&#xf3;n y represi&#xf3;n por la iglesia en los per&#xed;odos inquisitoriales, aunque despu&#xe9;s la iglesia instrumentalice en beneficio propagand&#xed;stico propio la figura del m&#xed;stico.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>
					<sup>3</sup>
				</label>
				<p>
					<xref ref-type="bibr" rid="B39">Sophie Ferchiou (1993)</xref> opone, en el marabutismo tunecino (culto a los santos extendido en la &#xc1;frica del Norte isl&#xe1;mica), cultos de posesi&#xf3;n femeninos y masculinos: mediante los primeros se busca una eficacia inmediata en el plano terap&#xe9;utico; en los segundos, una eficacia perpetua de orden espiritual. Lewis (1956 y <xref ref-type="bibr" rid="B66">1971)</xref>, al abordar las variaciones de la experiencia del trance de acuerdo con las condiciones sociales en que produce, se centra en un esquema que se da ampliamente entre pastores n&#xf3;madas de pueblos somal&#xed;es y et&#xed;opes, haussas nigerianos, taita y tambi&#xe9;n luo kenianos, kamba de &#xc1;frica occidental, inuits, y agricultores de Sri Lanka: el de las mujeres que presionan a sus maridos mediante los esp&#xed;ritus que las poseen a fin de obtener ventajas que no pueden conseguir directamente. Se trata de &#xab;cultos perif&#xe9;ricos&#xbb; -ni fijos ni est&#xe1;ticos-, porque su clientela son sectores socialmente relegados, como mujeres u hombres de baja extracci&#xf3;n social, los cuales son invertidos por esp&#xed;ritus que ni legitiman moralmente el <italic>statu quo</italic> ni provienen, en muchos casos, de la propia sociedad de los pose&#xed;dos. Los cultos de posesi&#xf3;n perif&#xe9;ricos son para Lewis cultos de protesta, como un medio de los sectores subalternos, especialmente de las mujeres, para formular intereses, carencias y necesidades. Respecto a los cultos de posesi&#xf3;n centrales, Lewis los relaciona con la presi&#xf3;n externa y los ejemplifica con los indios akawaio de la Guayana y los evenki siberianos: grupos peque&#xf1;os, fluctuantes, inestables, sometidos a fort&#xed;simas presiones f&#xed;sicas y sociales. O sea que tanto los cultos perif&#xe9;ricos como los centrales responder&#xed;an, para Lewis, a terribles presiones. En cuanto a los kaffa de Etiop&#xed;a, sus pr&#xe1;cticas se dan entre pares sociales digamos horizontales, donde la competici&#xf3;n m&#xed;stica revela un combate por el poder.</p> 
					<p>
					<disp-quote>
						<p>Las etnograf&#xed;as de <xref ref-type="bibr" rid="B79">Aiwha Ong (1987</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B80">1988)</xref> sobre labradoras malayas que se convierten, por necesidad, en trabajadoras industriales en cadenas de montaje y que son pose&#xed;das por esp&#xed;ritus durante la jornada laboral, y de <xref ref-type="bibr" rid="B9">Janice Boddy (1989)</xref> sobre los cultos zar del norte de Sud&#xe1;n, tambi&#xe9;n remiten a la manifestaci&#xf3;n simb&#xf3;lica del conflicto, al igual que Bourguinon (1973) al tratar de las reglas de residencia matrimonial y de la movilidad de las mujeres.</p>
					</disp-quote>
				</p>
				
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>
					<sup>4</sup>
				</label>
				<p>Quiz&#xe1;s ah&#xed; radicar&#xed;a el sentido de acudir al concepto de trance en las sociedades occidentales, en calidad de noci&#xf3;n buena para pensar; y quiz&#xe1;s ah&#xed; debamos reconocer, tambi&#xe9;n, el valor de la injustamente silenciada mirada pionera de <xref ref-type="bibr" rid="B29">Ernesto de Martino (2004 [1948]</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B30">1999 [1967])</xref> sobre el mundo m&#xe1;gico y el tarantismo a partir de la noci&#xf3;n <italic>crisis de la presencia</italic> como &#xab;p&#xe9;rdida de la distinci&#xf3;n entre sujeto y objeto, entre forma y materia, entre pensamiento y acci&#xf3;n&#xbb; (en palabras de <xref ref-type="bibr" rid="B70">Mart&#xed;nez Hern&#xe1;ez 2018: 137</xref>). </p>
			</fn>
		</fn-group>
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			<title>Bibliograf&#xed;a citada</title>
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							<surname>Apud-Pel&#xe1;ez</surname>
							<given-names>Ismael Eduardo</given-names>
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					<year>2017</year>
					<article-title>Antropolog&#xed;a, psicolog&#xed;a y estados alterados de conciencia. Una revisi&#xf3;n cr&#xed;tica desde una perspectiva interdisciplinaria</article-title>
					<source>Revista Cultura y Droga</source>
					<volume>22</volume>
					<issue>24</issue>
					<fpage>34</fpage>
					<lpage>58</lpage>
					<pub-id pub-id-type="doi">10.17151/culdr.2017.22.24.3</pub-id>
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							<surname>Balzer</surname>
							<given-names>Marjorie Mandestaim</given-names>
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					<year>1995</year>
					<chapter-title>The Poetry of Shamanism</chapter-title>
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							<surname>Harvey</surname>
							<given-names>Graham</given-names>
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					<source>Shamanism: A Reader</source>
					<publisher-loc>Londres</publisher-loc>
					<publisher-name>Routledge</publisher-name>
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					<year>1950</year>
					<source>Sociologie et Psychanalyse</source>
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					<publisher-name>Presses Universitaires de France</publisher-name>
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					<year>1960</year>
					<source>Sociolog&#xed;a de la religi&#xf3;n</source>
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					<source>El sue&#xf1;o, el trance y la locura</source>
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					<chapter-title>Spirits and Selves in Northern Sudan: The Cultural Therapeutics of Possession and Trance</chapter-title>
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					<publisher-name>The University of Wisconsin Press</publisher-name>
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					<lpage>434</lpage>
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					<article-title>Spirit Possession and Altered States of Conscienciousness</article-title>
					<source>Behavior Science Research</source>
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					<article-title>Possession and Social Change in Eastern Africa: Introduction</article-title>
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					<publisher-name>Department of State-Foreign Service Institute</publisher-name>
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