1. INTRODUCCIÓN
⌅Las autoras de este artículo podríamos ser abuela y nieta. Nos hemos criado en tiempos y países distintos, y mientras una de nosotras se estaba formando en antropología, la otra estaba terminando su vida laboral en un ámbito que nada tenía que ver con la investigación. En aquel momento, Carmina, la mayor, ya reunía más de 40 años de experiencia activista en organizaciones anarcosindicalistas y colectivos de barrio. Xenia, la joven, estaba comenzando a adentrarse en el mundo de los movimientos sociales a través de la etnografía. Nos conocimos como antropóloga e informante. Años después volvemos a practicar la etnografía, con una diferencia fundamental: esta vez, las dos actuamos como investigadoras.
Escribimos este artículo con el objetivo de dar a conocer la etnografía compartida como una modalidad metodológica que parte de una corresponsabilidad entre investigadoras académicas y populares. Elaboraremos este concepto mediante el ejemplo de nuestra propia experiencia etnográfica conjunta.
Nuestra investigación se centra en los proyectos autogestionados del barrio de Exarchia en Atenas, con el objetivo de analizar los procesos micropolíticos que condicionan su persistencia en el tiempo, y prestando especial atención a las relaciones de género que se producen en los grupos que los mantienen. Elegimos Exarchia por ser un barrio que presenta una densidad y longevidad excepcional de iniciativas autogestionarias, muchas de las cuales sostienen infraestructuras esenciales como por ejemplo un centro de salud, un parque o una cocina solidaria. Nuestro interés por convertirlo en nuestro campo de investigación parte de inquietudes antropológicas y políticas, sin haber tenido ninguna relación personal o profesional con sus habitantes antes de iniciar los preparativos para nuestro primer viaje de exploración.
Llevamos trabajando juntas desde la primera idea que nos empujó a la decisión de realizar un trabajo de campo en Exarchia. Desde entonces, entre las dos hemos definido los objetivos de la investigación, realizado dos primeras visitas etnográficas a Atenas, preparado intervenciones en congresos y en el Grado de Antropología Social de la Universidad de Sevilla, estamos en proceso de interpretar lo aprendido hasta ahora, y con este primer artículo hemos comenzado a elaborar publicaciones en coautoría.
Nuestro concepto de etnografía compartida se está forjando en la medida en la que avanza nuestro proyecto, en un momento en el que cada vez más investigaciones etnográficas están dejando atrás el clásico modelo de la antropóloga solitaria (véase por ejemplo Álvarez Veinguer, Arribas Lozano y Dietz 2020Álvarez Veinguer, Aurora, Alberto Arribas Lozano y Gunther Dietz (eds.). 2020. Investigaciones en movimiento. Etnografías colaborativas, feministas y decoloniales. Buenos Aires: CLACSO.; Gay y Blasco y Hernández 2020Gay y Blasco, Paloma y Liria Hernández. 2020. Writing Friendship. Palgrave Studies in Literary Anthropology. Londres: Palgrave Macmillan; Avallone 2021Avallone, Gennaro y Daouda Niang. 2021. «Producir tajos. Universidad, co-investigación, activismo social». Quaderns 37(1): 45-61.). Durante los últimos años, una multitud de enfoques experimentales han explorado vías de abrir la etnografía a la participación de personas procedentes de ámbitos distintos a la academia con el motivo de poner en valor la interacción entre conocimientos diversos y reducir la brecha entre investigadoras e investigadas. A menudo estos proyectos se engloban dentro de una etnografía colaborativa en la que se fomenta la cooperación entre antropólogas y una o varias personas del campo a la hora de diseñar líneas de investigación, teorizar y/o escribir. Por otra parte, la corriente autoetnográfica ha convertido la experiencia propia de la investigadora en objeto central de la etnografía, fundiendo así el rol de etnógrafa e informante en una sola persona, con motivo de evitar prácticas extractivistas de recaudo de información y de colocarse a sí misma en la posición de cierta vulnerabilidad que supone ser sujeto de investigación. En el contexto de la antropología política, y especialmente los estudios de los movimientos sociales, este enfoque se ha unido con la reivindicación de la etnografía como herramienta de transformación sociopolítica, dando pie a distintas variantes de etnografía implicada, comprometida o activista.
La etnografía compartida se inspira en todas estas corrientes, así como en ideas introducidas por las antropologías feminista y poscolonial. A continuación, recorreremos el camino de construcción de nuestro marco teórico, con tal de puntualizar la relevancia epistemológica de nuestra propuesta en el contexto de una antropología intrigada desde hace décadas por la posibilidad de una investigación fundamentada en conocimientos diversos.
2. EL TRASFONDO EPISTEMOLÓGICO DE LA ETNOGRAFÍA COMPARTIDA
⌅Fueron voces posmodernas las primeras en señalar la necesidad de abandonar el paradigma del antropólogo como pintor solitario de un retrato completo e inequívoco de un contexto cultural percibido como exótico y ahistórico (Wolf 1982: 4-5Wolf, Eric. 1982. Europe and the People without History. Berkeley: University of California Press.) en favor de una concepción discursiva de la etnografía (Clifford 1986: 12Clifford, James. 1986. «Introduction. Partial Truths», en James Clifford y George E. Marcus (eds.), Writing Culture. The Poetics and Politics of Ethnography: 1-26. Berkeley, CA: University of California Press.). La antropología comenzó a preguntarse por formas de superar la problemática desigualdad de poder que conlleva la autoridad etnográfica (Clifford 1995Clifford, James. 1995. «Sobre la autoridad etnográfica», en James Clifford, Dilemas de la cultura. Antropología, literatura y arte en la perspectiva posmoderna. Carlos Reynoso (trad.): 39-77. Barcelona: Editorial Gedisa.). Entre las respuestas tempranas a esta crisis de la representación destacan las monografías dialógicas de Crapanzano (1980)Crapanzano, Vincent. 1980. Tuhami. Portrait of a Moroccan. Chicago: University of Chicago Press. y Shostak (2000) [1989]Shostak, Marjorie. 2000 [1989]. Nisa. The Life and Words of a !Kung Woman. Boston: Harvard University Press. Disponible en: <http://ebookcentral.proquest.com/lib/uses/detail.action?docID=3300400>. Fecha de acceso: 10 mar. 2022.. Ambas presentan los resultados de sus respectivas investigaciones a través de la biografía de un/a informante clave, alternando transcripciones de entrevistas e historias de vida con apartados teóricos en las que la antropóloga analiza el relato de la otra persona sobre el trasfondo de una interpretación generalizadora de la cultura local. Estas obras abandonan el estilo homogeneizante de las décadas anteriores y visualizan la relación de trabajo cercana y continuada entre antropóloga e interlocutora principal; si bien esta última todavía aparece como representante ejemplar de su cultura (Clifford 1995: 61Clifford, James. 1995. «Sobre la autoridad etnográfica», en James Clifford, Dilemas de la cultura. Antropología, literatura y arte en la perspectiva posmoderna. Carlos Reynoso (trad.): 39-77. Barcelona: Editorial Gedisa.) sin que se le reconozca apenas capacidad reflexiva.
Paralelamente a la crisis de la representación dentro de la antropología, autoras poscoloniales llamaron la atención sobre la exotización inherente a las representaciones occidentales de las culturas «otras» (Said 2007Said, Edward. 2007. María Luisa Fuentes (trad.). Orientalismo. Barcelona: DeBolsillo.), y comenzaron a rebelarse contra su papel asignado de sujetos pasivos de investigación. Reivindicando la voz propia de las subalternas (Spivak 1988Spivak, Gayatri. 1988. «Can the Subaltern Speak?», en Cary Nelson y Lawrence Grossberg (eds.), Marxism and the Interpretation of Culture: 271-313. Basingstoke: Macmillan Education.) comenzaron a «cuestionar tanto los derechos como las intenciones de los antropólogos que [querían] acceder a ellos» (Wolf 2001: 79Wolf, Eric. 2001. Pathways of Power. Building an Anthropology of the Modern World. Berkeley: University of California Press.). En el nexo entre el llamamiento a la descolonización de las ciencias y la emergencia del movimiento indígena en las Américas, se ponía en duda la posibilidad de que la antropología pudiera «continuar desarrollando [su] trabajo en las condiciones y con los criterios e intereses del etnógrafo» (Vasco Uribe 2002: 707Vasco Uribe, Luis Guillermo. 2002. Entre selva y páramo. Viviendo y pensando la lucha india. Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia.).
En respuesta a estas cuestiones, Lassiter (2005: 16)Lassiter, Luke Eric. 2005. The Chicago Guide to Collaborative Ethnography. Chicago: University of Chicago Press. introduce la etnografía colaborativa como nuevo modelo etnográfico que «deliberada y explícitamente enfatice la colaboración en todas las etapas del proceso etnográfico, sin ocultarla - desde la conceptualización del proyecto hasta el trabajo de campo y, especialmente, durante el proceso de redacción» (cursiva en el original). Destaca la importancia de no tratar a las colaboradoras - provenientes del propio contexto de investigación y sin necesariamente contar con formación académica - como participantes secundarias, subordinadas a las decisiones de la científica, sino como co-intelectuales (ibid.: 79). Siguiendo esta línea, Rappaport llama la atención sobre la riqueza epistemológica de una producción conjunta no solamente de texto sino de los propios conceptos resultantes de una investigación social. Introduce la idea de la «co-teorización como la producción colectiva de vehículos conceptuales que retoman tanto a un cuerpo de teorías antropológicas como a los conceptos desarrollados por nuestros interlocutores» (2007: 204Rappaport, Joanne. 2007. «Más allá de la escritura. La epistemología de la etnografía en colaboración». Revista Colombiana de Antropología 43: 197-229.). Para que esto sea posible es necesario «tomar en serio a los demás» (Ingold 2020Ingold, Tim. 2020. Antropología. Por qué importa. Ester Gómez Parra (trad.). Madrid: Alianza Editorial.) y reconocer en el campo y sus integrantes la «consciencia o curiosidad etnográfica preexistente» que Holmes y Marcus (2008: 82)Holmes, Douglas y George E. Marcus. 2008. «Collaboration Today and the Re-Imagination of the Classic Scene of Fieldwork Encounter». Collaborative Anthropologies 1: 136-170. denominan como para-etnografía. Hoy en día, los sujetos etnográficos presentan todas las características necesarias para llevar a cabo una descripción y en muchos casos un análisis crítico de los mismos elementos de su entorno cultural que despiertan el interés a las antropólogas, lo cual abre la posibilidad de una colaboración entre compañeras epistémicas donde el desarrollo de la investigación sea definido por imaginarios diversos (ibid.: 83-84).
En nuestro propio proceso de construcción de un marco teórico, los trabajos colaborativos han tenido un papel fundamental; tanto que durante mucho tiempo entendíamos la etnografía compartida como una rama más bajo el paraguas de las etnografías colaborativas en plural1De hecho, la primera versión de este artículo aún estaba basada en esta idea y estamos agradecidas al revisor/a 1 por habernos animado a terminar de tratar la etnografía compartida como metodología con entidad propia.. Sin embargo, en la medida en la que íbamos avanzando nos dimos cuenta que nuestras premisas epistemológicas no eran exactamente iguales. Compartimos con las etnografías colaborativas el convencimiento de que la investigación etnográfica se ve enriquecida por la retroalimentación entre antropólogas y personas con un trasfondo distinto al de las ciencias sociales. El reconocimiento hacia las reflexividades y teorizaciones ajenas a la academia que capacitan para llevar a cabo una investigación es una de las principales premisas de nuestro modelo. Sin embargo, trabajamos con una mayor separación entre nuestro papel como investigadoras y el de nuestras interlocutoras del campo que, al menos al día de hoy, no están implicadas en el proceso de análisis y redacción.
A primera vista este enfoque pueda parecer un simple retorno a la figura tradicional de informante. Por eso vemos importante recordar que en el mundo globalizado los elementos culturales están cada vez menos ligados a lugares geográficos. En consecuencia, la diferenciación entre quienes forman parte o no de un contexto cultural determinado se ha vuelto más compleja: una persona que se presenta por primera vez a un grupo de personas desconocidas puede ser considerada como un miembro más si demuestra formar parte de la misma comunidad imaginada (Anderson 1993Anderson, Benedict R. O’G. 1993. Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. Eduardo L. Suárez (trad.). Ciudad de México: FCE.). La fluctuación transnacional de personas, mercancías, información, etc. envuelve a individuos, colectivos, empresas e instituciones en una serie de paisajes culturales cuya influencia se escapa a las fronteras (Appadurai 1990Appadurai, Arjun. 1990. «Disjuncture and Difference in the Global Cultural Economy». Theory, Culture and Society 7(2-3): 295-310.). Esto significa que, aunque una investigación etnográfica se desenvuelva en un campo territorialmente delimitado, las actividades y el pensamiento de sus sujetos estarán interconectados con otros de origen distinto.
En nuestro caso, los proyectos autogestionados de Exarchia, sin cuestionar la influencia de las características históricas del barrio, están inmersas en un ideoscape2Paisaje de ideas. Se refiere a un conjunto de conceptos, narrativas e imaginarios, a menudo políticos, que se han extendido por gran parte del mundo y contextos culturales diversos. (ibid.: 299) autogestionario y en gran parte libertario que se expresa tanto en relaciones transnacionales tangibles como en el papel de referentes que ocupan experiencias prácticas e ideas políticas procedentes de sociedades lejanas en el espacio y a menudo en el tiempo. Las organizaciones anarcosindicalistas y libertarias donde Carmina ha desarrollado su recorrido activista, al compartir con ellos los rasgos centrales de pensamiento y, hasta cierto punto, hábitos sociales, son claramente identificables como elementos de este mismo paisaje cultural. Por lo tanto, aunque nuestra etnografía no cuente con la implicación a nivel de co-intelectual de ninguna persona de Exarchia, sí está integrada la perspectiva del ideoscape que engloba la vida política investigada. Esta forma de cooperación tiene la ventaja de que la investigadora extraacadémica, al no tener vínculos personales con el campo como sí ocurre en los trabajos colaborativos o autoetnográficos, pueda combinar el análisis informado por sus propios saberes y experiencias con un extrañamiento que facilita que a ella también se le presenten quiebras epistemológicas (Agar 1982Agar, Michael. 1982. «Hacia un lenguaje etnográfico». American Anthropologist 84: 779-795.) que resolver. Ambas etnógrafas cuentan con un conocimiento inicial que les ayuda a definir objetivos de investigación científica y socialmente relevantes pero que deben poner a prueba con la disposición a modificar sus premisas y dejarse sorprender que caracteriza la etnografía. A nivel más práctico, el hecho de no realizar una etnografía en casa sino aterrizar en Atenas como visitantes extranjeras nos permite entrar en conversación no solamente con una gran variedad de agrupaciones activistas (entre algunas de las cuales en el pasado ha habido conflictos) sino también actores que, como por ejemplo la administración municipal del centro de Atenas, mantienen una actitud de oposición a estos colectivos y viceversa.
Entendemos entonces la etnografía compartida como una forma de investigación plenamente corresponsable realizada por investigadoras de trasfondos epistémicos distintos3No incluimos en este concepto las investigaciones interdisciplinarias formadas por representantes de ciencias diferentes dentro de la academia (por ejemplo Leder Mackley y Pink 2013; Messac, Ciccarone, Draine y Bourgois 2013) ya que las implicaciones teóricas y prácticas de estas son distintas a las del modelo presentado., en el sentido de una participación proactiva de ambas en la conceptualización del proyecto, el propio trabajo de campo, la teorización y la elaboración de los contenidos a publicar, aplicada a un campo tercero con el que ninguna de las etnógrafas tenga un vínculo directo previo a la investigación.
Abrir el proceso etnográfico a personas con una formación diferente a la académica significa cuestionar el «monopolio del conocimiento válido» (Santos 2017: 236Santos, Boaventura de Sousa. 2017. Roc Filella (trad.). Justicia entre saberes. Epistemologías del Sur contra el epistemicidio. Madrid: Morata.) de la ciencia convencional y reconocer la interconexión de la multitud de saberes presentes incluso dentro de una misma sociedad. La autoridad etnográfica que tradicionalmente se limitaba a personas tituladas en ciencias sociales pasa a incluir a investigadoras cuyo principal marco de referencia no son las teorías escritas sino las experiencias vividas: una «epistemología de los conocimientos ausentes [que] parte de la premisa de que las prácticas sociales son prácticas de conocimiento» (Santos 2009: 88Santos, Boaventura de Sousa. 2009. Una epistemología del Sur. La reinvención del conocimiento y la emancipación social. Buenos Aires: CLACSO.).
En los últimos años muchos proyectos basados en este pensamiento se han realizado entre académicas y movimientos sociales4Para un ejemplo reciente véase Álvarez Veinguer, Arribas Lozano y Dietz 2020.. En gran parte, esto se debe a la alta predisposición para-etnográfica de estos últimos: habitualmente se trata de colectivos que se han dotado de una variedad de técnicas de producción e intercambio de ideas con el motivo de llegar a una comprensión cada vez más profunda de la situación política, económica o social que pretenden transformar (Casas-Cortés, Osterweil y Powell 2013: 209-210Casas-Cortés, María Isabel, Michal Osterweil y Dana E. Powell. 2013. «Transformations in Engaged Ethnography. Knowledge, Networks and Social Movements», en Jeffrey S. Juris y Alex Khasnabish (eds.), Insurgent Encounters. Transnational Activism, Ethnography and the Political: 199-228. Durham/Londres: Duke University Press.). Esto ha dado pie a propuestas de una etnografía cuyos interrogantes y conclusiones no estén dirigidos en primer lugar a una audiencia científica, sino que ponga en el centro su utilidad práctica e intelectual para los colectivos involucrados. Es el caso por ejemplo de la etnografía acción participativa, en la cual un grupo de personas trabaja con una antropóloga desde un interés por profundizar sobre un aspecto u otro de su propia forma de vida, diseñando el proceso de investigación como forma de intervención social y siendo conscientes de que implicará visibilizar contradicciones y posibles conflictividades dentro de su comunidad (Berraquero, Escalera Reyes y Maya Rodríguez 2016: 54Berraquero, Luis, Francisco Javier Escalera Reyes y Francisco Maya Rodríguez. 2016. «La colaboración como condición. La etnografía participativa como oportunidad para la acción». Revista de Dialectología y Tradiciones Populares 76(1): 49-57.). En este contexto la antropóloga ya no se concibe como traductora de un diálogo intercultural sino como «vértice de una red que integra academia y sociedades» (ibid.: 55).
A diferencia de la co-investigación dentro de una organización determinada, la relevancia extrauniversitaria de la etnografía practicada en un contexto cultural tercero ha sido reconocida sobre todo por la rama de la etnografía aplicada donde, en vez de formar un equipo diverso que ponga en marcha la investigación de forma conjunta, la antropóloga presta un servicio a la entidad interesada sin que esta participe en el proceso investigador. Sin embargo, solo es de esperar que la etnografía como método de aprender de y con otras también les llame la atención a personas y colectivos que no tengan ni la posibilidad económica de contratar a una profesional para que realice este trabajo en su lugar ni el ánimo de delegarlo.
Es el caso de aquellos movimientos sociales que combinan las mencionadas características para-etnográficas con un interés por crear redes de conocimiento (Casas-Cortés, Osterweil y Powell 2013: 209-211Casas-Cortés, María Isabel, Michal Osterweil y Dana E. Powell. 2013. «Transformations in Engaged Ethnography. Knowledge, Networks and Social Movements», en Jeffrey S. Juris y Alex Khasnabish (eds.), Insurgent Encounters. Transnational Activism, Ethnography and the Political: 199-228. Durham/Londres: Duke University Press.) y la «afirmación de una voluntad de ser actores» (Touraine 2016: 94Touraine, Alain. 2016. El fin de las sociedades. Odile Guilpain (trad.); Darío Zárate Figueroa (revisión técnica). Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.; cursiva en el original). Nuestra propuesta parte entonces de la motivación de compartir el conocimiento y la metodología antropológica con miembros de la sociedad civil que no solamente pretendan conseguir datos sobre una cuestión cultural determinada, sino manifiestamente deseen involucrarse creativamente en el encuentro etnográfico, así como las reflexiones anteriores, simultáneas y posteriores.
Aunque no partimos de un compromiso inmediato con ninguna organización concreta como en el caso de la investigación activista de Hale (2001)Hale, Charles R. 2001. «What Is Activist Research?». Social Science Research Council 2(1-2): 13–15., indudablemente la etnografía compartida en el nexo entre academia y movimientos sociales aspira a una «democratización de la producción del conocimiento» (Cota y Sebastiani 2015: 54Cota, Ariana S. y Luca Sebastiani. 2015. «”Que no, que no, que no nos representan”, o repensando la relación entre investigación y activismo a partir de nuestras experiencias vividas». Ankulegi 19: 43-58.). Especialmente en el recorrido político de Carmina como elemento central del trasfondo analítico, nuestro proyecto se asemeja a las etnografías implicadas que «estudian dimensiones específicas de [un] movimiento social, basándose, entre otros datos, en la experiencia activista propia» de la investigadora (Roca, Díaz-Parra y Gómez-Bernal 2019: 338Roca, Beltrán, Iban Díaz-Parra y Vanessa Gómez-Bernal. 2019. «Anthropologists Meet the 15M: The Rise of Engaged Ethnography». Anthropologica 61: 334-344.). Como especificaremos más adelante, asumimos además la ambición de practicar una etnografía que no solamente elija los movimientos sociales como objeto de estudios sino se comprometa a enmarcar el proceso y los resultados de esta investigación de tal manera que puedan tener utilidad para quienes persiguen la transformación social desde ideas similares a las de los colectivos autogestionarios de Exarchia.
Muchas etnografías implicadas están basadas en una autoetnografía de la participación de la antropóloga en el mismo movimiento que está observando (por ejemplo Graeber 2009Graeber, David. 2019. Direct Action. An Ethnography. Chico, California: AK Press.; Cota 2019Cota, Ariana S. 2019. «Procesos de agenciamiento junto a Stop Represión Granada y un ejercicio de autoetnografía vulnerable». Papeles del CEIC 2019(1), papel 207: 1-19.). En nuestro caso, a cambio, existe una separación en el espacio-tiempo entre trabajo de campo y experiencias propias. No obstante, la autoetnografía no deja de tener un papel fundamental para nuestro trabajo, ya que nos sirve de herramienta de seguimiento del propio proceso de desarrollo de nuestro experimento etnográfico. Al ser dos investigadoras nos vemos además ante la necesidad de documentar no solamente las reflexiones y evoluciones personales de cada una de nosotras sino también los pensamientos que nos puedan sugerir las percepciones de la otra respectivamente. Para afianzar esta parte del trabajo nos ha sido de gran interés la propuesta de etnografía recíproca de Gay y Blasco y Hernández (2020)Gay y Blasco, Paloma y Liria Hernández. 2020. Writing Friendship. Palgrave Studies in Literary Anthropology. Londres: Palgrave Macmillan; una doble biografía de dos mujeres, una paya y una gitana, mediada por la amistad entre ambas. En su libro cada una interpreta el relato de la otra, creando una reciprocidad que convierte a la informante en etnógrafa y viceversa.
Para nosotras, el principal objeto de investigación no somos nosotras mismas. Necesitamos la autoetnografía y la interpretación mutua más bien como herramienta relacional y de reflexividad. A través de ellas pronto nos dimos cuenta de que estábamos compartiendo mucho más que solo trabajo: el impulso de motivación para embarcarnos en este proyecto y sostenerlo en el tiempo, historias de vida que de forma directa o indirecta influyen en él, sin olvidar las incontables horas de vida en las que hemos entremezclado nuestras cotidianeidades personales con el esfuerzo por avanzar juntas la investigación. Como bien señala la etnografía feminista, «lo personal es teórico» (Gregorio Gil 2006: 32Gregorio Gil, Carmen. 2006. «Contribuciones feministas a problemas epistemológicos de la disciplina antropológica. Representación y relaciones de poder». AIBR 1(1): 22-39.), y así vimos la necesidad de ponerle nombre a este rol que las dos ocupamos y que excede el sentido estricto de palabras como «colaboradoras» o «socias». Decidimos nombrarnos partenaires, tomando prestada una palabra que proviene del mundo de las artes escénicas y hace referencia a una persona que actúa como compañera de otra en un espectáculo. El teatro como metáfora de la etnografía compartida nos parece muy adecuada, ya que en una obra teatral cada participante tiene su papel particular con el cual cumplirá durante toda la actuación; sin embargo, solo con la presencia de todos los personajes diferentes y la interacción fluida entre ellos se garantiza el éxito de la función.
A continuación, daremos a conocer nuestra experiencia práctica con este modelo tal y como la hemos vivido durante los años que llevamos trabajando juntas. Se trata de una investigación que todavía está en marcha y, debido a la imposibilidad de realizar trabajo de campo presencial durante los meses más críticos de la pandemia del Covid-19, ni siquiera ha llegado a su ecuador. Por lo tanto, más que en la presentación de resultados etnográficos, nos centraremos aquí en la reflexión teórica sobre la construcción de un problema de investigación desde intereses compartidos, las oportunidades y los retos que la etnografía compartida nos ha supuesto a la hora de acceder al campo, los marcos de análisis y dinámicas reflexivas que influyen en la creación de publicaciones como esta, así como los aspectos emocionales imprescindibles para construir una relación de partenaires respetuosa, duradera y operativa.
3. LA CREACIÓN CONJUNTA DEL PROYECTO
⌅Como ya mencionamos brevemente en la introducción, a nosotras nos juntó la etnografía: en primavera de 2016 Xenia, que en aquel momento estaba cursando el grado en antropología, se acercó a la asamblea de barrio del movimiento 15M en la que Carmina estaba participando como activista, con el motivo de realizar un trabajo etnográfico para una asignatura metodológica y, más adelante, su TFG. No hizo falta mucho tiempo para que nos diéramos cuenta de que las dos sentíamos la misma pasión por debatir y analizar hasta el último detalle de cada acontecimiento que vivíamos juntas. Fue en una de estas conversaciones que descubrimos que ambas teníamos un interés por adquirir un conocimiento más profundo de los proyectos autogestionados de Exarchia de los cuales, cada una por su cuenta, habíamos tenido noticia a través de los medios de comunicación. A Carmina le llamaba la atención como en un mundo globalizado donde impera el neoliberalismo, Exarchia aparecía como una isla donde existían diversos colectivos que practicaban la autogestión, colectivizaban espacios y compartían luchas y objetivos, constituyendo además el único lugar en Europa, donde se dieran tantos espacios autogestionados consolidados y mantenidos en el tiempo. ¿Cómo era posible que estas iniciativas se mostraran casi inmunes a los altibajos de los ciclos de movilización que tanto afectaban a los movimientos sociales de España? Xenia en este momento estaba preparando su TFM, el cual trataba precisamente de los factores que favorecían la persistencia de la autoorganización en un proyecto educativo de Barcelona, y estaba fascinada por la diversidad de infraestructuras esenciales que las activistas de Exarchia afirmaban mantener sin ningún apoyo estatal, empresarial o religioso. Detrás de la imagen idealizada o demonizada, según el periódico en cuestión, que se difundía de este barrio en los medios de comunicación, ¿cuál sería el carácter de las relaciones entre las distintas iniciativas, con el vecindario no involucrado y con las instituciones locales? ¿Cómo se desarrollaría su activismo cotidiano (Chatterton and Pickerill 2010Chatterton, Paul y Jenny Pickerill. 2010. «Everyday Activism and Transitions towards Post-Capitalist Worlds». Transactions of the Institute of British Geographers 35(4): 475-490.) a nivel micropolítico?
De estas primeras inquietudes pronto surgió la idea de viajar juntas a Exarchia para hacernos una imagen directa del barrio y sus iniciativas vecinales. Este plan todavía poco ambicioso se convirtió en proyecto de investigación, que estaría enmarcado en el doctorado de Xenia, cuando se dio la casualidad de que ella tuviera la oportunidad de asistir a un congreso en la Universidad Politécnica de Atenas - situada justamente en Exarchia. Enfrentamos el reto de unir las motivaciones diferentes de cada una en un problema de investigación que cubriera cuestiones teóricas y prácticas a la vez y fuera capaz de convencer a una profesora de antropología de su valor científico5Afortunadamente conseguimos el apoyo de Manuela Cantón Delgado, afiliada al Departamento de Antropología Social de la Universidad de Sevilla, como directora de tesis.. Acordamos además complementar los escritos dirigidos a una audiencia formada en ciencias sociales con una antropología pública que haga sus estudios accesibles a otros grupos sociales que en ellos puedan encontrar una utilidad para sus actividades cotidianas6Para ejemplos de trabajos de antropología pública con motivación transformadora véase Beck y Maida (2015)..
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Carmina: Pues bien, ¿entonces qué tenemos que hacer para conseguir el apoyo de la universidad?
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Xenia: Primero darle forma a las preguntas que nos estamos haciendo, todo lo que nos gustaría averiguar en Exarchia, que de momento son muchas ideas sueltas. Habrá que unirlas en un problema de investigación, unos objetivos concretos, conectarlas con conceptos teóricos para que se vea que tienen relevancia científica aparte de la social…
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Carmina: Hablando de la relevancia, yo sí veo imprescindible que aparte de tu tesis, que va a ser un objetivo importante, de aquí también salga algo que le pueda servir a gente que no haya estudiado antropología. Yo al principio pensaba en un informe para los activistas de aquí, pero si ahora le vamos a dedicar tanto tiempo y vamos a hacer una investigación bastante ambiciosa, nos podríamos plantear publicar un libro que sirva para visibilizar cómo en una ciudad europea, con una cultura mediterránea parecida a la nuestra, hay gente que está consiguiendo autogestionar cosas tan importantes como un centro de salud desde hace ya más de diez años, y a pesar de todos los problemas que seguramente habrán tenido.
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Xenia: Pues sí, eso sería interesante; que al final los textos de antropología solo los leemos las antropólogas… Eso sí, habrá que averiguar muy bien cómo encajar esto y la tesis para que no haya problemas administrativos. A lo mejor a la tesis incluso se le puede dar un enfoque más metodológico. Porque ahora hay unas corrientes experimentales a las que seguramente les va a llamar la atención que una antropóloga y una activista que no ha hecho ciencias sociales estemos diseñando un proyecto en común, y que vayamos a viajar juntas a Atenas, y al final sacar publicaciones para la academia y también para gente de fuera7Diálogo reconstruido a base de anotaciones en el diario de primavera 2019..
Previsiblemente, uno de los centrales ámbitos de difusión de estas publicaciones dirigidas a un público popular serán los centros sociales y otros espacios vinculados al movimiento autogestionario en España donde exista un interés por conocer la organización y las estrategias para resolver dificultades de sus compañeras de otro país. La colaboración entre antropóloga y activista en este sentido se puede entender como una forma de prever también la perspectiva de las dos principales audiencias cuando se trata de priorizar entre posibles líneas de investigación.
Reflexionando sobre el balance entre inquietudes políticas e investigadoras llegamos a la conclusión de que nuestro primer cometido consistiría en realizar una etnografía rigurosa, aunque esto significara admitir incoherencias en movimientos con los que sentíamos afinidad. Esta decisión era condición sine qua non para que Xenia pudiera comenzar su doctorado, pero también Carmina desde su formación activista insistía en la necesidad de practicar el pensamiento crítico y, como hacían los viejos anarquistas, no validar nada hasta no comprobarlo personalmente, haciendo un análisis profundo de las realidades observadas y contrastadas.
Partimos entonces desde el compromiso con una ciencia bien fundamentada y a la vez consciente de su condición de conocimiento situado (Haraway 1988Haraway, Donna. 1988. «Situated Knowledges. The Science Question in Feminism and the Privilege of Partial Perspective». Feminist Studies 14(3): 575-599.). Nos adherimos a la concepción performativa de las ciencias sociales que defienden Law y Urry cuando introducen la idea de la política ontológica, según la cual «la indagación social y sus métodos son productivas: ayudan a crear realidades y mundos sociales» (2004: 390-391Law, John y John Urry. 2004. «Enacting the Social». Economy and Society 33(3): 390-410., cursiva en el original) y por lo tanto tienen la responsabilidad ética de elegir qué tipo de realidades pretenden promover. El propósito de Carmina de visibilizar a los proyectos autogestionados como una alternativa de organización social existente dentro de nuestras sociedades occidentales marcadas por la estratificación jerárquica y la economía neoliberal en este sentido está en concordancia con los objetivos de la sociología de las ausencias que pretende «transformar objetos imposibles en posibles» (Santos 2009: 109Santos, Boaventura de Sousa. 2009. Una epistemología del Sur. La reinvención del conocimiento y la emancipación social. Buenos Aires: CLACSO.). Las iniciativas vecinales autoorganizadas, infravaloradas comúnmente por su carácter local y su falta de afán de productividad (ibid.: 111-113), así se reivindican como sujetos dignos de ser tomados en consideración en calidad de propuestas válidas - en absoluto exentas de la crítica - a la hora de pensar en posibles formas de convivencia capaces de lidiar con los retos del futuro.
Una ciencia de estas características exige una reflexividad elevada para no perder el equilibrio entre rigor teórico y compromiso político - especialmente cuando en ella se juntan las expectativas de dos personas con trasfondos diferentes. Por lo tanto, a la vez que elaborábamos nuestro problema de investigación, en el cual la exploración de las posibilidades y limitaciones de nuestro método ocupa una posición central, decidimos iniciar un diario autoetnográfico en un documento editable por las dos, con el motivo de documentar el progreso del proyecto y formas de afrontar las dificultades en el camino. Como si de un diario de campo se tratara comenzamos a apuntar el desarrollo, los matices emocionales y las conclusiones de cada sesión de trabajo (incluidas las conversaciones informales relacionadas con él), acompañando estos relatos por reflexiones teóricas y metodológicas. Esta descripción densa de la experiencia interpersonal (Ellis, Adams y Bochner 2015: 255Ellis, Carolyn, Tony E. Adams y Arthur P. Bochner. 2015. «Autoetnografía. Un panorama». Astrolabio 14: 249-273.) no solamente facilita el análisis posterior sino sobre todo obliga a asumir una actitud etnográfica-reflexiva mucho antes de la entrada en el campo.
4. TRABAJO DE CAMPO CON DOBLE MIRADA
⌅Hasta el momento de enviar este artículo hemos podido realizar dos breves visitas etnográficas a Exarchia, una en octubre de 2020 y otra en septiembre 20218Entre un viaje y otro manteníamos la comunicación con nuestros principales contactos de Exarchia a través de correos electrónicos. Adicionalmente hacíamos un seguimiento diario de los medios de comunicación masiva de Grecia y de las redes sociales de las organizaciones autogestionarias con tal mantenernos al día de la evolución política durante nuestra ausencia.. Ambas tuvieron el objetivo de hacernos una primera idea de la actividad de los proyectos autogestionados en tiempos de pandemia, conocer personas locales con las que más adelante seguir trabajando en profundidad, e informarnos sobre la situación actual de la relación a menudo conflictiva entre los colectivos activistas y la administración estatal. Solo para esta última parte contábamos con un contacto directo que nos había facilitado un miembro del I+D con origen griego9Agradecemos su ayuda a Anastasios Panagiotopoulos.. A las iniciativas ciudadanas les contactamos por correo electrónico o a través de sus redes sociales, presentando nuestro trabajo y explicando que estábamos trabajando en una tesis doctoral y un libro de interés político a la vez.
Obtuvimos respuesta a algo más de la mitad de los correos. Algunas de las personas que nos escribían pedían más información para tratar el asunto en sus asambleas, otras directamente nos invitaron a asistir a una reunión o a tomar un café. Nos quedamos gratamente sorprendidas por encontrarnos esta actitud abierta, ya que tras haber leído el testimonio de Monia Cappuccini (2018)Cappuccini, Monia. 2018. Austerity & Democracy in Athens. Crisis and Community in Exarchia. Londres: Palgrave Macmillan., a la que comenzar su etnografía en Exarchia le había costado trabajo por las reticencias a participar de sobre todo las agrupaciones anarquistas, habíamos temido mayores dificultades. Llegamos a la conclusión de que la cercanía política facilitaba que nos recibieran sin sospechar que viniéramos en representación encubierta de entidades percibidas como hostiles como la policía o la prensa conservadora. Por otro lado, en dos de los principales centros sociales anarquistas de Atenas nos encontramos con activistas graduadas en antropología que empatizaban con nuestro propósito. En ocasiones, la conversación inicial en la que miembros de un colectivo nos hablaban de sus principales puntos de acción y su recorrido en el tiempo, no tardaba en convertirse en una entrevista informal a Carmina, ya que la historia anarcosindicalista de España tenía un enorme interés para muchas libertarias atenienses. A esto se unía el hecho de que pocas de las activistas con las que pudimos hablar en las primeras estancias pasaban de sus cuarenta, por lo cual la presencia de una compañera de mayor experiencia de vida significaba la oportunidad de un aprendizaje intergeneracional que no era posible dentro de sus propios colectivos. Nos encontrábamos ante la inconmensurabilidad de saberes que Cruces (2003)Cruces, Francisco. 2003. «Etnografías sin final feliz. Sobre las condiciones de posibilidad del trabajo de campo urbano en contextos globalizados». Revista de Dialectología y Tradiciones Populares 58(2): 161-178. identifica en el trabajo de campo urbano: mientras nosotras habíamos integrado una perspectiva activista dentro de nuestra mirada etnográfica, nuestras interlocutoras locales a menudo poseían formación científica o nos hacían preguntas similares a las que podrían formar parte de una investigación social.
Por supuesto, no siempre la entrada se nos hizo tan fácil. Cuando pasamos por un bloque de viviendas dedicado a la acogida de personas refugiadas e intentamos iniciar una conversación con uno de los hombres parados alrededor de la puerta, ellos nos trataron con sospecha, la cual no hizo más que aumentar cuando intentamos explicarles la razón de nuestra visita. Nos aconsejaron que volviéramos otro día para hablar con un compañero; sin embargo, llegada la fecha indicada nos dijeron que nuestro posible contacto no estaba ahí y una vez más nos difirieron al día siguiente. Tras tres intentos fallidos concluimos que no nos quedaba otra opción que respetar sus recelos y desistir de nuevos intentos de contacto hasta tener la etnografía lo suficientemente avanzada como para contar con el aval de una persona local de confianza.
De esta experiencia aprendimos a tratar con mayor delicadeza el momento en el que había que justificar a cada colectivo nuestra presencia en Atenas y el interés que mostrábamos por el funcionamiento de las infraestructuras autogestionadas. Ya de antemano habíamos decidido que ante representantes de la administración, miembros de partidos u otras personas con un cargo oficial nos presentaríamos únicamente con el aval de la directora de tesis de Xenia y la explicación de que estábamos llevando a cabo una investigación para el departamento de antropología de la Universidad de Sevilla. A cambio, en entornos activistas, sin ocultar que uno de nuestros objetivos era preparar la tesis, al contactar con ellos hacíamos mucho más hincapié en nuestras propias experiencias con movimientos sociales para dar a la investigación un carácter de intercambio de saberes entre compañeras.
El idioma fue otro reto al que nos tuvimos que enfrentar. Iniciamos el proyecto sin conocimientos de griego y con las personas que conocíamos en el campo nos comunicábamos en inglés, con excepciones de algunos espacios migrantes donde la traducción entre más de una docena de lenguas estaba a la orden del día y nos encontramos con personas hispanohablantes. Aun reconociendo el buen nivel de inglés de la mayoría de nuestros contactos que nos permitía desarrollar las entrevistas sin mayor complicación, a la hora de asistir a conferencias o reuniones organizadas en los centros sociales nuestras limitaciones lingüísticas sí nos impedían comprender el contenido de lo hablado. Para superar este problema de cara a futuras estancias, mientras Carmina seguía perfeccionando su inglés, Xenia emprendió un intenso estudio de griego, con la idea de que ella en las charlas y asambleas se pudiera centrar en el discurso y Carmina en la observación del lenguaje no verbal y la organización general del espacio.
Salvo unas pocas excepciones procurábamos asistir juntas a las reuniones y actividades para luego contrastar observaciones. Antes de cada cita nos sentábamos a preparar un guión de temas que tratar con la persona en cuestión, con tal de evitar interrumpirnos una a la otra durante las conversaciones etnográficas, y para asegurarnos de que, sobre todo en las entrevistas puntuales, no se nos olvidara ningún punto importante. Después de salir de una conversación o terminar la observación participante en eventos como protestas o charlas informativas retomábamos el trabajo interno comentando las impresiones del día, posibles conclusiones y sobre todo nuevas preguntas surgidas a raíz de lo aprendido. En estas situaciones se hacía evidente el doble marco de análisis que aplicábamos a nuestras experiencias en el campo: mientras Xenia relacionaba lo vivido en Exarchia con conceptos antropológicos u otras etnografías propias y ajenas, Carmina lo conectaba con la teoría social anarquista y la cotidianidad política de los años en torno a la Transición.
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Es difícil encontrar una pared de Exarchia que no esté cubierta de pintadas, algún mural y/o carteles de contenido político. Fijando la mirada en los últimos, muchas veces nos hemos sorprendido por la densidad del texto impreso en ellos: al lado de aquellos carteles que anuncian protestas o eventos culturales destacan aquellos que reflejan discursos políticos en formato de comunicados que cubren casi los folios completos.
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¿Cuál será el sentido de tanto texto por la calle?
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Carmina: Antes en España los comunicados también eran enormes, pero nunca he conocido en mi vida comunicados tan inmensos como hacen esta gente. Yo sé que los escritos y los discursos de todos los colectivos y partidos de cualquier ideología al final de la dictadura y al principio de la democracia eran muy extensos. Es verdad. Pero incluso te digo que ahí los comunistas eran los primeros - ¡piensa en Fidel Castro! O los mítines de Dolores Ibarruri y tal. Lo eran todos, pero creo que los anarquistas eran un poco menos cansinos que los comunistas. Y yo creo que a esa gente le viene heredado por esa tradición comunista que ha habido en Grecia. ¡Es por buscar una explicación!
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Xenia: Es raro porque no es algo que facilite la captación de personas. A lo mejor en este tipo de comunicados el contenido es secundario. A lo mejor lo importante es ocupar el espacio con cualquier discurso contra el Estado para decir: «Aquí estamos. Esta calle es nuestra, policía, que lo sepáis». Porque de hecho nunca hemos visto que nadie se parara a leerlos, ¿verdad?
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Carmina: No, nunca. Yo creo que eso tiene que venir heredado, lo de ser tan largo a la hora de comunicarte, porque eso da prestigio, parece que tiene más fundamento… Es como cuando tú tienes que hacer un escrito para la universidad y dices «no, pero yo tengo que incluir dos o tres conceptos más», porque tiene sentido, porque tienes que dar fundamento.
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Xenia: Claro, pero eso es otro tipo de texto. Por ejemplo, hace unas semanas el centro de salud autogestionado publicó un análisis de la pandemia, con una parte médica y una parte social. Y es un tocho de 20 o 30 páginas, no sé si alguien se lo habrá leído. Pero tiene sentido porque es un trabajo, no es un panfleto. Mientras en los comunicados de las paredes el contenido no está tan diferenciado: hoy están hablando de la pandemia, mañana del trabajo y pasado de la educación, pero al final el mensaje central siempre es que el Estado y el capitalismo nos están explotando.
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Carmina: Sí, yo creo que eso viene de querer asemejarse a la academia, o a los científicos en general, para darle más credibilidad y más valor»10Diálogo transcrito de una grabación de invierno 2022..
Comentábamos también la posible recepción de la información etnográfica por parte de nuestras audiencias en casa. ¿Dónde habrá que profundizar para cumplir con las expectativas académicas en una tesis doctoral? ¿Qué aprendizaje podrán sacar los movimientos sociales de Sevilla de la experiencia ateniense, y cuál es la mejor vía de compartirla con ellos? La doble motivación de nuestra investigación nos obliga a mantener la oscilación permanente entre la perspectiva académica y la activista incluso en estas conversaciones a dos. Aunque cada una conoce su papel, ha habido momentos en las que las fronteras se diluían: la conceptualización de Carmina como activista y Xenia como antropóloga, situadas en posiciones claramente separadas, que manejábamos en un principio fue una simplificación. Como el «sujeto partido y contradictorio» de Haraway (1988: 585-586)Haraway, Donna. 1988. «Situated Knowledges. The Science Question in Feminism and the Privilege of Partial Perspective». Feminist Studies 14(3): 575-599. que simultáneamente reúne en sí una multitud de identidades, cada una tiene un pie en el mundo de la otra: Xenia por sus trabajos anteriores con movimientos sociales desde la etnografía implicada y alguna experiencia personal con colectivos feministas y ecologistas, Carmina por haber colaborado hace años con docentes universitarios en actividades de divulgación científica. Nuestros trasfondos personales, la dinámica del trabajo conjunto y la co-conceptualización nos sitúan en el tercer espacio descrito por Routledge (1996)Routledge, Paul. 1996. «The Third Space as Critical Engagement». Antipode 28(4): 399-419.: un espacio discursivo-relacional fluido, «dentro y entremedio de [academia y movimientos], manifestando una movilidad estratégica que continuamente entreteje estos lugares, de tal manera que terminan enredados, informando continuamente uno al otro» (ibid.: 412).
Como señalan Casas-Cortés, Osterweil y Powell (2013: 223-224)Casas-Cortés, María Isabel, Michal Osterweil y Dana E. Powell. 2013. «Transformations in Engaged Ethnography. Knowledge, Networks and Social Movements», en Jeffrey S. Juris y Alex Khasnabish (eds.), Insurgent Encounters. Transnational Activism, Ethnography and the Political: 199-228. Durham/Londres: Duke University Press., un enredamiento consciente no supone un going native11«Volverse nativo». El término se refiere a una situación en la que la integración de una etnógrafa en el contexto cultural que está investigando supone una pérdida de reflexividad y análisis, hasta el punto en que el papel de investigadora queda completamente sustituido por el de ser una agente local más. sino intensifica el carácter relacional del trabajo etnográfico, ya que las investigadoras se dedican a tejer conexiones entre diferentes conocimientos y actúan como traductoras entre ellos para facilitar el aprendizaje colectivo. En este sentido, una de las estrategias que empleamos para asegurarnos de que no por falta de reflexividad la investigación desde el tercer espacio se caiga por el borde hacia un lado u otro consiste en tratar nuestra etnografía compartida como un trabajo en comunidad. De vuelta en casa comenzamos a hablar de nuestras experiencias en el campo y las quiebras pendientes de resolver: por un lado, con la directora de tesis de Xenia y otros miembros del departamento de antropología y, por otro lado, con antiguos compañeros anarcosindicalistas de Carmina, un colectivo feminista y un grupo de jóvenes de Sevilla interesadas en aprender sobre la práctica autogestionaria. No establecimos ninguna rutina formal para estas conversaciones; simplemente las integrábamos en el trabajo universitario cotidiano en el caso de las antropólogas y en encuentros personales en el de las activistas. Estas personas pasaron a formar nuestra comunidad de iguales extendida (Funtowizc y Ravetz 1993Funtowicz, Silvio O. y Jerome R. Ravetz. 1993. «Science for the Post-Normal Age». Futures 25(9): 739–755.) que mediante sus preguntas y comentarios nos ayuda a mantener el vínculo con el pensamiento tanto académico como político y a anticipar los principales puntos de interés para cada una de nuestras futuras audiencias. A raíz de ahí, más de una vez hemos notado como el interés analítico y práctico a la vez nos puede llevar a enfoques distintos a la hora de tratar de entender aquellos hábitos del campo que más nos sorprendan:
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Carmina: Yo sigo sin comprender por qué hacen unas asambleas tan larguísimas. Mira la de las viviendas okupadas de migrantes: ¡Seis horas de asamblea! Tú imagínate esto aquí; a las dos horas y media como mucho todo el mundo se iría porque tanto tiempo no se puede estar pensando y escuchando.
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Xenia: No, en España eso sería imposible. Pero parece que en Atenas les funciona, si no lo harían de otra manera. Nuestro trabajo no es evaluar nada; es entender lo mejor que podamos el sentido que aquí ven en eso. Y creo que un punto importante puede ser que así en cierto modo juntan varias reuniones en una: la de resolver problemas de convivencia, la de tomar decisiones políticas, la de organizar el trabajo de la semana… y además siempre comparten comida, utilizan la asamblea como espacio para socializar también.
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Carmina: Sí, eso es verdad. Nosotras solemos separar las reuniones de trabajo y las jornadas de convivencia. Y como llevan tanto tiempo funcionando, quizás han probado otras formas de organizarse y por lo que sea no les han dado resultado. De todos modos, a las compañeras de España les va a costar mucho trabajo entender eso. Porque afortunadamente el movimiento feminista ha conseguido que en las reuniones se tengan muy en cuenta los cuidados, y no puedes organizarlas de tal manera que la gente salga agotada. Mientras en aquellas asambleas se ven unas caras de cansancio que da pena12Diálogo reconstruido a base de apuntes de otoño 2021..
No necesariamente esos debates se resuelven en el sentido de llegar a una interpretación consensuada. Por eso, a la hora de plasmar sobre el papel los resultados de nuestra etnografía tuvimos que buscar un formato que permitiera ser fiel a las visiones de las dos.
5. POR UNA AUTORÍA CONVERSACIONAL
⌅¿Cómo escribir en un proyecto de etnografía compartida? A la primera vista, una redacción a medias parece lo más coherente. Aun así, nunca hemos trabajado de esta manera. En nuestra primera estancia en Atenas las notas de campo nos hicieron ver que nuestras preferencias a la hora de escribir eran casi opuestas. Mientras Carmina tomaba apuntes cortos y esquemáticos, Xenia solía relatar todo lo ocurrido en redacciones extensas. Decidimos entonces que en el diario de campo Carmina se dedicaría a apuntar los datos etnográficos duros, la información tangible que íbamos recopilando, y Xenia se centraría en observaciones, reflexiones, sensaciones y todo aquello que necesitaba de una redacción más densa. Cada una tenía acceso a las notas de la otra para poder añadir ideas que faltaban por expresar o dudas que surgían a lo largo del trabajo. Además, acompañábamos las notas por grabaciones de nuestras conversaciones relacionadas con la etnografía para documentar tanto sus contenidos como la dinámica de debate y acuerdos entre partenaires.
Cuando comenzamos a preparar los primeros escritos destinados a ser publicados nos encontramos en la misma situación: la escritura esquemática de Carmina ayudaba a sintetizar contenidos para ponencias o comunicaciones a congresos mientras un artículo exigía redacciones más bien al estilo de Xenia. Estas características distintas nos llevaron a descartar por el momento la posibilidad de escribir a medias como hacen por ejemplo Gay y Blasco y Hernández (2020)Gay y Blasco, Paloma y Liria Hernández. 2020. Writing Friendship. Palgrave Studies in Literary Anthropology. Londres: Palgrave Macmillan. Al menos en las publicaciones académicas sería Xenia quien se encargaría de redactar, sin que por ello tuviéramos que renunciar a la coautoría.
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Xenia: Hay que explicar también como escribimos; que todo está creado en conversación.
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Carmina: Hay que decir que todo sale de las conversaciones: la estructura del artículo y los contenidos. Pero la retórica es tuya.
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Xenia: Exacto, y que si lo permitiera el formato de la revista nosotras publicaríamos diálogo, que es lo más natural.
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Carmina: ¡Eso hay que ponerlo! Si los distintos formatos nos lo permitieran lo que plasmaríamos es un diálogo. Y además el artículo lo acompañaríamos con un audio, para que realmente la gente se haga idea, porque es muy difícil hacerse idea.
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Xenia: A lo mejor en algún momento habrá que hacerlo, porque es de lo que más caracteriza esta etnografía, que es hablada, al fin y al cabo.
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Carmina: Sí, yo creo que lo que nos sostiene y lo que nos potencia en este trabajo son nuestras conversaciones porque nos desarrollamos bastante más que por separado. Por separado una vez que ya hemos hablado y hay que dejar algo plasmado, perfectamente. Pero a la hora de generar ideas, a mí mis bombillas me aumentan un 60 o 70% cuando estamos juntas. Cuando empezamos a divagar, divagar… como siempre.
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Xenia: Claro, porque estando sola muchas veces das vueltas en círculo a lo mismo. Porque solamente tienes tu propio cerebro que sabe lo que sabe»13Diálogo transcrito de una grabación de invierno 2021..
Queda evidente que la coautoría como nosotras la entendemos no es igual a la participación de más de una persona en la redacción del texto. Escribir es solo una de las habilidades necesarias para la composición de un artículo exitoso: sin la reflexión conjunta, la co-teorización y la edición deliberativa, los contenidos de una publicación sobre etnografía compartida quedarían bastante más pobres. La representación de una investigación marcada desde el punto cero por dos o más pensamientos no sería honesta si ocultara las aportaciones de una de las partenaires por el simple hecho de haberse producido de forma oral.
Nos parece importante destacar también que, en diferencia de otras autoras como Lassiter (2005)Lassiter, Luke Eric. 2005. The Chicago Guide to Collaborative Ethnography. Chicago: University of Chicago Press. o Hernández y Gay y Blasco (2020)Gay y Blasco, Paloma y Liria Hernández. 2020. Writing Friendship. Palgrave Studies in Literary Anthropology. Londres: Palgrave Macmillan no nos planteamos dejar de lado los términos científicos y las citas a otras investigadoras en pro de la accesibilidad. De cara al público, no lo vemos necesario por el hecho de haber separado las publicaciones académicas de las populares y poder aplicar un estilo adecuado según la audiencia intencionada de cada texto. Entre nosotras, tenemos asumido que el trabajo bibliográfico, así como la interacción directa con la comunidad científica serán tarea de Xenia como antropóloga. A cambio, es Carmina quien, debido a su edad y experiencia activista, tiene más facilidad a la hora de poner recursos en marcha para conseguir información más detallada y profunda de la que podría obtener una científica social a solas. Aspirar a la igualdad no siempre significa dividir el trabajo por la mitad. Perseguimos más bien una corresponsabilidad equitativa en la que cada cual aporta partiendo de la experiencia y del tiempo en el que dispone en cada momento.
6. LA CARA EMOCIONAL DE LA ETNOGRAFÍA COMPARTIDA
⌅Al plantearse una investigación como la nuestra es imprescindible pararse a pensar en la importancia de la relación personal y profesional entre partenaires. Igual que en el método colaborativo (Arribas Lozano 2020Arribas Lozano, Alberto. 2020. «¿Qué significa colaborar en investigación? Reflexiones desde la práctica», en Álvarez Veinguer, Aurora, Alberto Arribas Lozano y Gunther Dietz (eds.), Investigaciones en movimiento. Etnografías colaborativas, feministas y decoloniales: 237-263. Buenos Aires: CLACSO.), tampoco hay etnografía compartida sin una confianza profunda entre las investigadoras. Quienes quieran emprender un proyecto de este estilo, deben asegurarse de ser capaces de trabajar juntas de forma eficiente y sobre todo respetuosa, durante varios años y con la intensidad que la etnografía conlleva. Es ventajoso partir de una relación previa y haber ya colaborado en tareas más pequeñas. Aun así, hay que ser consciente de que la construcción de la relación de confianza es un proceso vivo que no termina hasta que no se dé por concluido el proyecto. Este proceso no es un añadido secundario sino forma parte de la epistemología afectivamente atenta (Hemmings 2012: 151Hemmings, Clare. 2012. «Affective Solidarity. Feminist Solidarity and Political Transformation». Feminist Theory 13(2): 147-161.) inherente al método.
Para comenzar, la investigación compartida requiere priorizar el objetivo común por encima del propio ego y las aspiraciones individuales. La carrera académica con sus convocatorias competitivas fomenta justo lo contrario, por lo cual para una científica no siempre es fácil asumir la necesidad de «descentrarse [para] dejar el espacio necesario para que el proceso pueda ser realmente construido entre diferentes actores» que tan bien señala Arribas Lozano (2020: 249)Arribas Lozano, Alberto. 2020. «¿Qué significa colaborar en investigación? Reflexiones desde la práctica», en Álvarez Veinguer, Aurora, Alberto Arribas Lozano y Gunther Dietz (eds.), Investigaciones en movimiento. Etnografías colaborativas, feministas y decoloniales: 237-263. Buenos Aires: CLACSO.. A la vez, la apropiación del proyecto por parte de la partenaire extra-académica en el sentido de «hacerlo suyo» (ibid.: 250) en el caso de la etnografía compartida no se trabaja a posteriori como cuando una colaboradora se incorpora a una investigación diseñada a solas por una antropóloga. La construcción conjunta necesita de la confianza de ambas personas en su capacidad de hacer aportaciones valiosas, informadas por la formación de cada una, pero sin aferrarse a ella como la única vía de obtener un buen resultado.
Durante los primeros meses de nuestro proyecto, los debates acalorados sobre cuestiones relacionados con el balance entre las expectativas universitarias y nuestra autonomía como equipo investigador estaban a la orden del día: ¿cómo encajar una etnografía compartida con una tesis que tendrá que ser elaborada en autoría única? ¿Hasta qué punto dejar que el departamento de antropología y el grupo del I+D influyan en la dirección que tome la investigación? Son preguntas que nacen de la diferencia entre el modo de trabajo de los movimientos sociales, donde generalmente se otorga un gran valor a lo colectivo, y el de la antropología que prepara para colaborar con personas ajenas a la academia cuando estas ocupen un papel de informante, pero aún no tanto para establecer vínculos co-etnográficos. La misma diversidad de saberes que es la razón de ser del método compartido inevitablemente da pie a discusiones, no solamente en esta fase inicial, sino en todas las etapas del proceso, cada vez que difieran las concepciones de los pasos más adecuados para el avance de la investigación. Por lo tanto, no se debe tener miedo al disenso. No expresar las opiniones opuestas obstaculizaría el intercambio de ideas y por lo tanto le restaría riqueza a la etnografía. La clave está en aprender a prevenir las situaciones tensas mediante el respeto y la escucha activa, a exponer el pensamiento propio sin afán de superioridad y a interpretar el lenguaje corporal de la otra hasta el punto de presentir su estado de ánimo. Difícilmente ambas investigadoras comenzarán el proyecto ya con estas habilidades desarrolladas, por lo cual es necesario dotarse de herramientas que ayuden a perfeccionarlas cada vez más.
A nosotras nos ha ayudado la observación. Toda etnógrafa la conoce como técnica imprescindible para el trabajo de campo, pero en la etnografía compartida (y probablemente cualquier investigación en equipo) su utilidad empieza en casa. Si cuando nos juntamos para trabajar en el proyecto nos fijamos en las expresiones emocionales de la otra y las propias, el tono de voz, los silencios, las palabras vehementes y las cautelosas, tal y como lo haríamos en una conversación etnográfica, podemos aprender a anticipar las dudas e irritaciones que sin esta observación mutua probablemente nos cogerían de imprevisto, causando mayor tensión interpersonal. Completamos esta herramienta con la reflexividad emocional (Spencer 2010: 2Spencer, Dimitrina. 2010. «Introduction. Emotional Labour and Relational Observation in Anthropological Fieldwork», en Dimitrina Spencer y James Davies (eds.), Anthropological Fieldwork. A Relational Process. Newcastle upon Tyne: Cambridge Scholars Publishing.) que trata los sentimientos como información a tener en cuenta no solamente a la hora de cuidar la relación entre partenaires sino también en la interacción con el campo y el análisis de la experiencia etnográfica. Las reflexiones individuales o conjuntas a partir de situaciones emocionalmente cargadas habitualmente se recogen en el diario autoetnográfico. Además, pueden llegar a condicionar notablemente la evolución a corto plazo del proyecto. Hemos llegado a la conclusión de que, para calmar las aguas después de un conflicto y reconstruir la confianza necesaria para poder continuar, lo más aconsejable puede ser acordar un tiempo de distancia en el que el trabajo se queda parado y cada una se puede centrar en el autocuidado y recuperar energía.
Mientras avanzamos con la investigación, la vida continúa y tenemos que encontrar maneras de conciliar la etnografía con el resto de responsabilidades de cada una. Irse de trabajo de campo significa no poder atender a la familia o tener que ausentarse del trabajo - una dificultad con la que cualquier etnógrafa se encuentra pero que en nuestro caso se multiplica por dos. A esto se unen las temporalidades divergentes (Arribas Lozano 2020: 255Arribas Lozano, Alberto. 2020. «¿Qué significa colaborar en investigación? Reflexiones desde la práctica», en Álvarez Veinguer, Aurora, Alberto Arribas Lozano y Gunther Dietz (eds.), Investigaciones en movimiento. Etnografías colaborativas, feministas y decoloniales: 237-263. Buenos Aires: CLACSO.) de dos mujeres de generaciones distintas. Esta cuestión se hizo evidente cuando a Xenia le concedieron la FPU con cuatro años de duración:
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Carmina: Mira, yo entiendo que este contrato es muy importante para ti y para el proyecto. Pero cuatro años más hasta que defiendas la tesis me parece muy fuerte. Llevamos ya tres años con esto, cuando termines el doctorado serán siete, ¿y con el libro qué va a pasar? A mí me preocupa que no nos dé tiempo para hacerlo todo.
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Xenia: Bueno, llevamos tres años porque ha venido una pandemia y lo ha ralentizado todo. ¿Cómo íbamos a prever eso? Y cuatro años son mucho, es verdad, pero teniendo tanto tiempo la investigación nos va a salir muchísimo más profunda de lo que pensábamos al principio porque vamos a poder analizar la evolución de la situación política durante varios años, y sobre todo vamos a tener tiempo para compartir más experiencias con la gente del campo y para conocerla mejor y crear más confianza. ¡Eso le va a venir genial a la etnografía!
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Carmina: Si, a nivel de trabajo llevas razón. Pero cuando tú termines el doctorado yo voy a tener 70 años. Para ti que eres joven no es tan importante tardar un año más o menos en terminar, porque tienes mucho tiempo. Pero yo no puedo saber si dentro de unos años voy a seguir teniendo buena salud. Y si queremos terminar el proyecto juntas tenemos que tener eso en cuenta.
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Xenia: ¡Claro que lo vamos a terminar juntas! Además, cuando terminen los cuatro años ya tendremos mucho trabajo hecho para el libro, aunque lo publiquemos después de la tesis porque el trabajo de campo es el mismo para las dos cosas.
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Carmina: Sí, a lo mejor una solución puede ser empezar a trabajar en el libro paralelamente, aunque antes dijimos que era más fácil centrarnos primero en una cosa y después en la otra. A lo mejor dentro de unos meses, con la etnografía algo más avanzada ya podemos sentarnos a pensar en una posible estructura del libro y comenzar a hablar de cómo nos lo imaginamos exactamente. Y así no tendremos que retrasarlo tanto en el tiempo14Diálogo reconstruido a base de anotaciones en el diario de otoño 2021..
Cuando desde la antropología colaborativa se advierte de que «no hay colaboración con prisa» (ibid.: 256) habitualmente se expone la tensión entre la urgencia académica por generar publicaciones y la necesidad de un trabajo prolongado para explorar plenamente las posibilidades de la investigación. En nuestro caso, son más bien las circunstancias personales que nos recuerdan la importancia de no perder de la vista la planificación temporal: el trabajo intergeneracional aumenta la conciencia de que estamos sujetas al pase natural del tiempo e integrar en la cotidianeidad etnográfica las condiciones físicas cambiantes de dos investigadoras en etapas diferentes de la vida es uno de los retos que probablemente nos acompañará durante todo el proyecto.
7. CONCLUSIÓN
⌅La etnografía compartida se suma al abanico de métodos experimentales como una posibilidad de integrar los conocimientos diversos en todas las etapas de una investigación distinta a la colaboración con actores del campo. Ofrece la oportunidad de un aprendizaje, a la vez mutuo entre las partenaires y de un contexto cultural tercero, que trascienda las fronteras de la ciencia tradicional y aporte un pensamiento novedoso tanto a la academia como a un público general interesado por el tema del estudio. Tampoco aspiramos a un modelo exacto a seguir, ya que la etnografía compartida tendrá que ser modificada según las necesidades de cada equipo y problema de investigación. Contamos nuestra experiencia con la esperanza de que sirva de inspiración, tanto para otros proyectos que unan la antropología a otros saberes como para seguir reflexionando sobre las implicaciones epistemológicos de la apertura de la etnografía que tantas formas distintas ha tomado desde sus inicios en la crisis de la representación.
La propuesta de la etnografía compartida seguirá evolucionando durante los próximos años. Aún nos quedan preguntas por resolver. En la fase actual es imposible saber, por ejemplo, cuál será el papel de nuestras interlocutoras principales en el campo una vez que comencemos a preparar las primeras publicaciones basadas en las conclusiones que saquemos del trabajo de campo en Exarchia. ¿Algunas de ellas llegarán a participar a su manera en el análisis? Y por supuesto no podremos dejar de profundizar en los cuidados emocionales como método, una cuestión que cobrará nueva actualidad cada vez que nos encontremos con un reto desconocido que superar. Pretendemos seguir explorando estas cuestiones con la idea de que nuestra etnografía compartida un día puede concluir, aparte de la tesis de Xenia y el libro conjunto, con un breve manual que pueda servir de ayuda a futuras investigadoras que estén interesadas en desarrollar un trabajo compartido. Mientras tanto, continuamos el camino con curiosidad por intensificar el intercambio de ideas, ya no solamente entre nosotras sino también con la red extendida: las antropólogas envueltas en otros enfoques experimentales, las activistas empeñadas en construir conocimiento colectivo, y todas aquellas personas que trabajen por un acercamiento entre las ciencias sociales y los actores que mueven las transformaciones de los tejidos culturales que estas estudian.