Valenzuela-García and Fuentes: CARRIER, James G. (ed.): Economy, Crime and Wrong in a Neoliberal Era (Nueva York/Oxford, Berghahn, 2018), 266 pp.

«La avaricia es buena» fue un elocuente leitmotiv popularizado en Wall Street, la película de 1987 protagonizada por Michael Douglas y Charlie Sheen, en la que se relata con elocuencia la cotidianeidad y el comportamiento cuasipatológico de los yuppies del parqué neoyorquino. La idea de fondo es la que guía el argumento del libro que tenemos entre las manos: Economy, Crime and Wrong in a Neoliberal Era, editado por el veterano y prolijo antropólogo económico James G. Carrier.

Las transacciones económicas se exponen, en toda sociedad e historia, a desviación en el cumplimiento de sus reglas: el fraude, el engaño y la argucia son por lo tanto formas habituales de «reciprocidad negativa», como diría Marshall Sahlins. También en toda época y sociedad podemos esperar que haya diferentes tipos de expectativas económicas, distintos modos de desviaciones económicas y variedad de interpretaciones y percepciones de las mismas. Sin embargo, cuando todo el sistema socioeconómico global se funda sobre los principios del individualismo, la propiedad privada, la competencia, la acumulación y maximización del beneficio económico, la desregulación o el ahorro de costes, los efectos sobre la sociedad y el sistema moral que la permea pueden ser demoledores. Ahí radica la pregunta central de este volumen: ¿cómo se percibe, se normaliza o se acepta el comportamiento económicamente desviado en tiempos neoliberales?

Economy, Crime and Wrong in a Neoliberal Era, en esencia, explora la relación entre las prácticas económicas reprobables, los principios morales y la percepción social contemporánea a través de una colección sistemática de casos etnográficos descritos por antropólogos y otros científicos sociales. No cabe duda de que el tema resulta relevante y actual, pues el libro toma la explosión de la burbuja norteamericana del crédito como telón fondo y se interna en una exploración provocadora y lúcida de la propagación de la desviación y el fraude (economic wrongdoing) en el contexto neoliberal. Somos testigos cotidianos, en efecto, de la connivencia entre los poderes económicos y políticos y sus puertas giratorias; del gigantesco fraude bancario entorno a los créditos tóxicos hipotecarios y los desahucios; de los monopolios industriales cuyos intereses no siempre coinciden con los de la población más amplia; de los escándalos corporativos y los despidos en masa; de la especulación y el tráfico de influencias; de la doble moral político-económica que permea las legislaciones migratorias; o del expolio de los grandes oligopolios farmacéuticos. El libro destila análisis e inspira reflexiones sobre todos estos temas, y muchos más. La cuestión es: ¿cómo es posible que esas prácticas acaben naturalizándose y normalizándose?

En la introducción, James Carrier presenta un marco analítico para estudiar la interacción entre la economía política neoliberal, las interacciones económicas, y su percepción y evaluación moral. Mediante las aportaciones clásicas (Durkheim, Merton, Smith, Marx…) analiza el comportamiento económico impropio desde la lógica de la desviación social, la violación de reglas y los valores morales. A continuación, le siguen ocho capítulos y unas conclusiones.

El primer capítulo, de K. Applbaum («“Marketing Clientelim vs Corruption”: Pharmaceutical Off-label Promotion on Trial»), aborda las prácticas fraudulentas de la industria farmacéutica, mostrando cómo los controles de calidad y los test científicos son frecuentemente distorsionados debido a las presiones del mercado y los intereses corporativos, originando prácticas potencialmente nocivas para los pacientes. El segundo texto, «The Measure of Sociality: Quantification, Control and Economic Deviance», por Emil A. Røyrvik, se adentra en una realidad muy familiar para las personas involucradas en la gestión institucional: el «gobierno por números», o la expansión de las estrategias y estilo de management propio de las empresas que constantemente evalúa la productividad de acuerdo a fórmulas aparentemente sofisticadas como son los ránquines, la evaluación y la auditoría. Estas técnicas son propias de os regímenes neoliberales de control, pero no garantizan sus fines puesto que el logro de estos objetivos implica a menudo ignorar las implicaciones profesionales, éticas y sociales de sus prácticas, abriendo las puertas a toda suerte de corrupción, ineficiencia y desigualdad.

El tercer capítulo, «Under Pressure», escrito por Daniel Seabra Lopes, se centra en las medidas de supervisión política del contexto europeo postcrisis, mostrando algunas de sus incongruencias. El siguiente capítulo, al hilo del anterior, escrito por Thomas Canten y titulado «Of taxation, Instability, Fraud and Calculation», muestra cómo las prácticas desreguladoras conducen a grandes contradicciones y al aumento del escepticismo público con respecto a los poderes públicos, el estado o las agencias internacionales. Mientras que el primero de estos capítulos examina un presente familiar y cercano, el último proporciona una perspectiva histórica para comprender la tasación estatal y la lógica de los impuestos.

Los capítulos cuarto y quinto abordan la naturaleza (y percepción) cambiante de los delitos. El cuarto capítulo, escrito por Michael Polson, «Marketing Marihuana. Prohibition, Medicalization and the Commodity», revela las raíces de clase de las economías neoclásicas en el caso particular de la marihuana, una sustancia prohibida que se convierte en medicamento, alterando de este modo lo que cuenta como correcto e incorrecto bajo ciertos parámetros en las modernas economías de mercado. El quinto capítulo, de Sabina Stan, aborda el intercambio de obsequios por atención médica en Rumanía, un tipo de comportamiento inscrito en una economía del favor generalizada durante la era comunista que, sin embargo, persistió durante el tiempo y estuvo sujeta a un cambio en su interpretación social. En otras palabras, ambos capítulos muestran cómo con la inclusión de un producto o servicio determinado en la economía de mercado, las percepciones sociales de lo que es razonable, justo o incorrecto, pueden cambiar. Los últimos dos capítulos abordan la migración y las políticas subyacentes que tienden a criminalizarla: el séptimo capítulo, por Kathy Powell, aborda en concreto los movimientos migratorios centroamericanos que tratan de ingresar a los Estados Unidos y son finalmente víctimas de redes criminales debido a reformas neoliberales. Y el último capítulo, de Josiah McC. Heyman, con título «How does Neoliberalism Relate to Unauthorised Migration? The US-Mexico case», explica cómo estas mismas políticas y reformas reproducen procesos tanto legales como ilegales (explotación laboral ilegal, etc.). En otras palabras, las mismas reformas neoliberales que provocan que las personas emigren de sus países hacen que sus vidas sean más frágiles y vulnerables.

Al contraluz de estos análisis, se evidencia que, en la era neoliberal, muchos actos que algunos considerarían como incorrectos son comúnmente practicados por individuos y corporaciones, deviniendo en muchos casos algo mundano o irrelevante. Sin duda, este libro abre un terreno fértil de reflexión sobre la naturaleza misma de las fuerzas económicas y las paradojas que gobiernan nuestro mundo. Ofrece una visión crítica y esclarecedora, muy en la línea de la antropología económica más comprometida, aunque deja a lector con cierto desasosiego.



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